Lógico-Simbólicos:
Su influencia en la organización del conocimiento hegemónico.
El autismo de la escuela-institución como reacción al desorden cultural.
La dispersión cognitiva de los estudiantes.
La imposición de saberes que no encuentran resonancia en los alumnos.
Son saberes que permiten descubrir y juzgar todo lo demás.
La importancia de los saberes lógicos reside en su sentido pragmático.
Son saberes que representan horizontes del saber en cuanto a su capacidad de forjar una mentalidad en consonancia con el mundo del conocimiento.
Surge la posibilidad de plantear los límites de este tipo de conocimiento y la necesidad social de otros tipos de saber.
Históricos:
La devaluación del conocimiento histórico.
La deshistorización de la sociedad en beneficio del presente.
La identificación de las claves en el pasado para descifrar el presente.
Identificar lo que hacen de modo distinto las culturas.
Superar la historia que encierra a los individuos en su aldea local o nacional
Revalorización de las memorias locales y minoritarias.
La construcción de nuevas narrativas históricas plurales.
Los saberes históricos como aptos para interpelar la conciencia histórica.
La necesidad de construir una historia con claves del presente.
Evitar los determinismos de toda especie.
Superar la eterna repetición de lo actual y la posibilidad de debatir sobre futuros alternativos.
Estéticos:
Revalorar los saberes que el racionalismo moderno relegó al campo de la imaginación y la creación estética.
El reconocimiento de los saberes que entrañan las formas de lo expresivo
El reconocimiento de la pluralidad de la inteligencia.
Asumir los saberes que hacen parte de los modos y de las estructuras de sentir.
Descifrar las prácticas en que se fusionan el arte y la tecnología.
Los saberes transversales crearán malestares profundos en las áreas especializadas.
domingo, 31 de enero de 2010
viernes, 29 de enero de 2010
El derecho a la identidad cultural.
Un pueblo sin cohesión al interior de sus tradiciones, costumbres y prácticas culturales, es poco probable que sobreviva. Y si lo consigue será subordinado a otra cultura más vigorosa en una posición de dependencia. Aquí estriba la importancia de la identidad cultural, entendida ésta como el conjunto de rasgos que en el sentido señalado determinan lo que un pueblo es y los embates que podría resistir en determinado momento ante los intentos de sujeción o dominación por otros pueblos. Sin duda la identidad histórico-cultural –siendo una construcción milenaria- es lo más duradero y significativo que un pueblo pueda generar. Y si bueno es lo que pervive, entonces eso es la esencia, lo que se es, y por lo mismo, hay que salvaguardar y fortalecer a costa de lo que sea.
La esencia es lo que permanece a través del tiempo, es la que nos define. Se le llama identidad cultural. Es aquello que en un momento determinado se muestra como los rasgos constantes entre los individuos pertenecientes a una nación o grupo. Si todos esos aspectos que nos identifican y hacen que seamos uno desde la perspectiva de lo colectivo, significa que tienen la facultad de vincular y no de dividir, de propiciar acercamientos y no rupturas. Seguramente existe una relación muy estrecha entre la identidad cultural y la estructura de la conciencia colectiva. Este hecho tiene una enorme relevancia, porque ha sido su soporte para mantenerse en pie después de cinco siglos de olvido y de intentos sistemáticos de destrucción de sus culturas. Significa además, que hay algo muy profundo y significativo en lo que estos pueblos son y que se niega a morir. Unos le llaman identidad histórica-cultural, otros le denominan Espíritu. Ambos tienen razón. Cuanto más vigoroso es el Espíritu, más inmune e indestructible se muestra el perfil de un grupo humano.
El orgullo de pertenecer a una cultura con rasgos semejantes, se refleja evidentemente, en el valor que le concedemos a todo aquello que nos vuelve distintos, únicos. Eso es lo que se denomina identidad. Pero ésta también es todo aquello que un grupo humano crea y que queda para la posteridad reflejado en las creaciones culturales que revelan con nitidez los perfiles de su singularidad. Desde esta perspectiva, el cúmulo de rasgos materiales, intelectuales, afectivos y espirituales entre otros y expresados en su forma de vivir, es un espejo fiel de lo que un pueblo es.
En los indígenas, la identidad es parte constitutiva de su ser, y guarda estrecha relación con la naturaleza y la tierra en la que vive, de la que no se siente propietario sino de la que es parte. Pero que sin embargo, se le ha ido arrebatando y esto lo está experimentando como un desprendimiento doloroso, un desgarramiento de una parte sustancial de su identidad. Tal situación -obviamente- ha puesto en riesgo su permanencia en tanto seres físicos y consecuentemente, también a su identidad cultural propiamente dicha. Y es aquí donde entra a discusión la cuestión del derecho que tienen los individuos pertenecientes a minorías, para organizar desde diversos frentes la defensa de su identidad cultural. Y la primera forma de protegerla es a través de su disfrute y práctica continuada en todos los escenarios de su transcurrir socio-comunitario.
Cualquier agresión en contra de este derecho por parte de otros grupos o culturas, debiera de ser severamente sancionado. Pero, ¿Quién sancionará? Y esto lo digo porque a las culturas indígenas -según lo que hemos notado- no se les reconoce derecho alguno, no obstante que desde hace mucho tiempo las distintas etnias han hecho esfuerzos permanentes en la defensa de su diversidad cultural. Y por ello me pregunto: Si se considera un imperativo ético la defensa de su identidad y diversidad, ¿por qué los pueblos indígenas en nuestro país y en la América india, desde la colonización de nuestro continente han padecido todo tipo de violencia expresada en diversas formas, desde la cultural hasta la institucionalizada? La respuesta es sencilla: Porque no han existido sistemas de justicia que efectivamente hagan valer todos sus derechos, incluidos los referentes a la salvaguarda de su identidad, que debiera de ser inseparable del respeto a su dignidad humana.
La protección y el respeto a los derechos de los indígenas y de otros grupos minoritarios, no puede darse en países como el nuestro o en aquellos que comparten rasgos similares. Es decir, en donde prevalecen altos niveles de desigualdad e injusticia social, en los que otros grupos sociales que no pertenecen a ninguna etnia, donde operan sistemas jurídicos que se prostituyen y la justicia se vende al mejor postor, donde las leyes son violadas sistemáticamente por aquellos individuos e instancias que se supone debieran de ser los responsables de hacerlas cumplir y obedecerlas antes que todos.
Desafortunadamente en nuestras sociedades el hecho de ser distinto se castiga con desprecio e indiferencia. Y el ser indígena… peor aún. Las diferencias aluden a la existencia de la diversidad y hay quienes las toman como un argumento válido para atropellar y desconocer los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas. Suspender o restringir una libertad equivale a vulnerar un derecho y vulnerar un derecho implica desconocer a los demás en condiciones de igualdad y de dignidad.
La cuestión de la diversidad es una realidad bastante compleja. Y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es reconocida la existencia de tal diversidad de la condición humana. Esto representa un gran avance, ya que por lo menos, hay un marco jurídico al cual pueden remitirse todos aquellos grupos y sectores marginados cuando son violentados sus derechos. En el Artículo 18 por ejemplo, establece tres derechos que son de importancia primordial: el derecho a la libertad de pensamiento, el derecho a la libertad de conciencia y el derecho a la libertad de religión. Veamos que relación puede existir entre estos tres tipos de libertades: La libertad de pensamiento en sentido pleno no puede existir, porque todas las ideas se han configurado a partir de la relación con el mundo. Las ideas emergen de esa relación. Nacemos y crecemos en una maraña de determinaciones.
La multiplicidad de experiencias surgidas de los contactos cotidianos e inevitables con lo concreto, van dando forma a nuestros pensamientos y concepciones. Esto significa que nacemos condicionados no sólo biológica, sino también socialmente y lo que pensamos, es más resultado de dicho fenómeno que de una adquisición libre producto de la voluntad del hombre. Por lo menos en primera instancia así es. Y por tanto, al ser, sólo le queda en la fase inicial de su vida, ser un engrane más en una maquinaria en la que casi todo está decidido y programado. Entender esta situación, colocarse aparte y ser un instrumento de cambio, será una tarea posterior.
Algo similar sucede con la religión, aunque ésta devenga muchas veces en un instrumento de búsqueda de respuestas y explicaciones que no han podido ser construidas en el mundo de lo inmediato. Desde luego, no está demás decir que lo religioso en las culturas indias adquiere un carácter más existencial, significativo y vital, en virtud de que se convierte en un vínculo para enlazar la forma en que se conciben en tanto seres individuales y la relación que establecen con la naturaleza y su concepción del cosmos y de su lugar en él. En el indígena todas sus expresiones culturales son parte integrante de su identidad. Para aquilatar lo valioso de estas expresiones, tendríamos que reeducarnos para ser formados en la igualdad y la tolerancia, en el respeto a los derechos humanos y en la diversidad. Sólo bajo esta premisa sería posible pensar el mundo y la relación con los demás de una forma diferente, en la que respetemos en los demás los derechos que deseamos, sean reconocidos en nosotros mismos.
Por ello, es necesario retornar al hecho de que la educación es un proceso de suma importancia en los grupos humanos y en la vida social en general. Porque tiene que ver con la socialización en la que se debieran cultivar valores como el respeto, la equidad, la tolerancia, la justicia y la democracia, que son decisivos para la vida colectiva. Yo me pregunto: ¿De qué otra forma es posible concebir e imaginar al ser humano sino en su condición de ser diverso? Y en esa diversidad tenemos qué esta incluidos todos. Por desgracia no hemos sido educados de esta manera. Al contrario, hemos sido formados en la discriminación y el desprecio por el otro. Las escuelas han funcionado tradicionalmente como centros de domesticación, selección y exclusión. No hay respeto por las diferencias ni por la unicidad o singularidad de cada quien. Ha sido como una aplanadora descontextualizada que homogeniza.
Ahora bien, volviendo a nuestro asunto; si entre los propios mestizos hay rechazo de unos contra otros, ¿Qué podemos esperar de éstos con respecto a los indios? ¿Cómo respetar su identidad cultural permitiendo que vivan dentro de sus espacios y territorios y que se relacionen de acuerdo a sus propias formas de organización? ¿Será esto posible cuando el mensaje que mandan los gobiernos apunta a la profundización de la relación de desprecio de la que hemos estado hablando? Por ello, tenemos convencernos de que la lucha indígena es una lucha extrema, en contra del exterminio y del desprecio exacerbado, por la defensa de su existencia, de su identidad y de su lugar en el mundo.
A modo de conclusión diré que para propiciar un cambio de visión referente a este problema, es necesario reconocer que es bastante el costo que han pagado los pueblos indígenas en su lucha por defender la integridad de su identidad cultural pues sistemáticamente se les ha negado este derecho. Y el derecho también a que cada etnia, pueblo, y grupo social sean respetados e incluidos tal y como son. Para conseguir esto, se requiere que las generaciones actuales y las que vendrán, sean educadas en la interculturalidad y en un reconocimiento pleno a la diversidad. La educación tiene que ser replanteada para que pueda revalorarse la dignidad de la persona humana bajo un marco ético radicalmente diferente. Admito la certeza que desde la academia es nimio lo que se pueda decir o hacer por los indígenas. Sólo un teorizar vano, insulso y petulante, estructurado a partir de la nada. Y a esto se le llama especular por no decirlo de otra forma. Para hablar sobre el indio, hay qué conocerlo y entenderlo y esto sólo es posible viviendo entre ellos y como ellos, compartiendo sus afanes de cada día. De manera que –según lo dicho- aquí concluyo este ensayo apriorístico y carente de sentido.
La educación intercultural bilingüe en América Latina y en México.
Dura ha sido la realidad indígena en América y en México a partir del proceso de colonización perpetrado por los españoles y otros países europeos. Después de poco más de quinientos años, la lucha por la sobrevivencia y el rescate de la dignidad de estos pueblos continúa. Con estos fines distintas culturas indígenas han hecho oír su voz a través de la historia sin doblegarse. Y ahí están diseminados en distintos países y regiones de nuestro continente.
La lucha iniciada hace medio milenio por lo indios para afirmar su presencia, ha propiciado muchas veces transformaciones importantes en los marcos jurídicos formulados por los gobiernos mestizos para favorecer los propósitos de reconocimiento y dignificación. Desafortunadamente ahí se quedan, son letra muerta, no sucede nada favorable. Es necesario señalar que no se ha hecho aún lo suficiente, y en muchos casos ni siquiera lo mínimo necesario. En México por ejemplo, la discriminación y el racismo campean por doquier, sin que se hayan concretado gran parte de los ordenamientos indicados en las leyes referentes a los aspectos señalados. En el Artículo 2º. de la Carta Magna se expresa el reconocimiento a la diversidad indígena y la mayoría de los gobiernos en nuestros países reconocen también esta composición en su población. Pero esto no ha significado que estén debidamente articuladas las decisiones y acciones que apunten al rescate de los elementos étnicos existentes a lo largo de toda la geografía de las tierras americanas.
En la condición de mestizos nos fue difícil y doloroso al mismo tiempo admitir la existencia del “otro” diferente a “nosotros.” El desprecio por lo disímil y particularmente por “lo indio”, arraigó en lo profundo de la conciencia. Esta actitud fue un producto inevitable de la dominación que se ejerció sobre nuestra raza desde la época de la dominación europea. Padecimos tanto que acabamos por despreciar lo nuestro. Afortunadamente y en medio de un sinnúmero de obstáculos la situación empieza a transformarse, gracias al esfuerzo realizado por las etnias y por todos aquellos sectores sociales que han respaldado su causa. Esto ha conducido a algunos logros nada desdeñables, como el ordenamiento de la castellanización y la alfabetización en lenguas indígenas para la preservación y el fortalecimiento de las mismas y de las culturas de las que provienen.
Es necesario reconocer que el esfuerzo efectuado por todas las etnias del continente americano desde hace mucho tiempo, ha generado un cambio paulatino de actitud del mundo mestizo hacia la realidad indígena. En nuestro país la mayoría hemos tomado conciencia plena de los conflictos y situaciones por las que transitan en su existir cotidiano. Nos hemos sensibilizado y los reconocemos como nuestros hermanos, aunque ellos estén en condición de desventaja mucho mayor que la generalidad de los mexicanos. Avanzamos a paso firme en el reconocimiento de nuestra diversidad. Este ha sido un cambio muy positivo, porque se han empezado a gestar una serie de cambios en la percepción colectiva tendientes a su incorporación plena a la convivencia intercultural. Grupos sociales numerosos y organizaciones no gubernamentales, también han hecho su parte. Por desgracia, desde lo institucional no se ha concretado hasta ahora transformación alguna digna de encomio.
Lo que ha sucedido en otras latitudes en materia de la lucha por el reconocimiento y defensa de las culturas indígenas y la importancia de la educación intercultural bilingüe ha repercutido favorablemente en México. Las batallas libradas en distintas partes de Centro y Suramérica por los grupos indígenas de esas regiones no han sido aisladas y así lo demuestran los encuentros de indígenas que se han llevado a cabo en distintos países y en donde ha confluido la pluralidad étnica para discutir sobre sus derechos y sobre las vías posibles de solución para salvar los obstáculos que impiden que hagan valer esos derechos. Ha surgido una revalorización de nuestras raíces y ya no va a ser detenida por nada ni por nadie hasta que la vida en la multiculturalidad y la diversidad sea una plena realidad en todas las naciones con presencia indígena.
En nuestro país, esta lucha ha tenido un carácter muy especial con repercusiones a nivel mundial. Los indígenas del sur de México, iniciaron su lucha contra el mal gobierno y la injusticia desde 1994 y reavivaron la conciencia nacional respecto a los problemas de la etnias. Pero además de replantear la cuestión india, han sometido a discusión muchos otros aspectos económicos, políticos y culturales de la vida pública, que no son privativos de esos grupos sino que con matices diversos están presentes en otros estratos de la población.
Estamos avanzando en la creación de una realidad nacional verdaderamente incluyente, no discriminativa, que será producto de la incorporación de nuestra diversidad a la multiplicidad de relaciones en que se expresa nuestra cotidianidad como pueblo. Lamentablemente a veces vemos retrocesos gravísimos como el que se ha vivido los últimos días con los gobernantes y partidos políticos intolerantes en turno que buscan mutilar el derecho a la libre expresión y manifestación de las ideas. Si lo permitimos, significaría –sin duda- volver a transitar la realidad que ya experimentamos durante el siglo XX.
Afortunadamente, al cambio que se está gestando en México y en todo el continente, no hay nada que lo detenga. Hemos tomado conciencia de nuestra realidad indígena y vamos salvando satisfactoriamente el trauma existencial ocasionado por el genocidio español en contra de nuestros indígenas originarios. Pero falta uno de los pasos más difíciles de dar y es el de avanzar hacia el bilingüismo pleno, hacia la interculturalidad total. Uno de los recursos para subir este último peldaño es la educación. Es posible cambiar a mediano plazo este escenario porque la sociedad en general ha crecido en su noción de lo justo, de lo que es correcto para que todos vivamos mejor. Aunque los gobernantes vayan en sentido contrario hemos aprendido que la problemática de la relación humana tiene que ser resuelta entre todos. Por ello, si la educación hasta este momento, sólo ha respondido a propósitos de sojuzgamiento, se requiere articular y poner en marcha un proceso formativo que sea más eficaz para dar solución a todos los conflictos que se derivan de nuestra multiplicidad cultural y étnica.
Es necesario crear una educación que vigorice la singularidad cultural que nos es propia. De este propósito se deben desprender los retos de la escuela pública de nuestro tiempo para poder experimentar una forma distinta de vivir basada en la multiculturalidad y asumir así en forma realista este compromiso histórico. Desde mi punto de vista, para concretar un propósito de tal magnitud, se requiere tomar en cuenta los aspectos que a continuación menciono: Es imperativo que la educación propuesta para las realidades indígenas sea decidida con la participación de todas las etnias, para garantizar la inclusión de sus visiones y aspiraciones y no correr el riesgo de que se formule un proyecto vertical, diseñado unilateralmente y ajeno a sus necesidades e intereses. Y junto a esto, deberán ejercer además el derecho a tener sus propias escuelas y maestros.
La sociedad mexicana en su conjunto, necesita ser educada en la interculturalidad, en el reconocimiento a la diversidad. El camino más viable es modificando las formas de relación social y los valores que han prevalecido hasta ahora y que han tenido que ver con fines de dominación y hegemonía impuestos por unos cuantos. Para ello, el carácter de la escuela tendrá que ser radicalmente diferente. Este será un proceso lento -transgeneracional diría yo- porque la historia no avanza a saltos bruscos, sino por ciclos ni la conciencia humana se modifica de manera simultánea sino gradualmente. Para avanzar en este empeño, se deberá hacer válido el derecho a que las etnias reciban instrucción en sus propias lenguas y atendiendo en forma paralela la castellanización, de modo que al tiempo que se asimilan otras culturas y saberes se refuerzan los propios. Dicho proceso formativo abarcará además desde la educación elemental hasta la enseñanza superior, considerando así mismo en los contenidos curriculares, las modalidades y formas de relación, las prácticas culturales y los conocimientos de nuestros ancestros que han llegado hasta nuestros días a través de las culturas indígenas. Esto con el fin de fortalecerlos y garantizar su permanencia y expansión.
También es prudente estar en guardia para que a lo largo del proceso formativo no se privilegie ningún saber por encima de otros saberes para evitar la preeminencia, la discriminación o la relación de dependencia de una visión de la realidad sobre otra y así las escuelas dejarán de funcionar “al modo mestizo” lo que conducirá a la eliminación de los sistemas de pensamiento único. La interrelación entre la multiplicidad de saberes dará lugar al enriquecimiento de la comunidad y a un surgimiento de intercambios más diversos y humanos. Por último quiero sugerir -aunque no sea nada nuevo- que las instituciones educativas eduquen en el trabajo y la corresponsabilidad, en la vinculación estrecha entre la teoría y la práctica y cuidando siempre el equilibrio que deberá existir entre el trabajo manual y la actividad intelectual, para que lo aprendido incida de manera inmediata en la resolución de sus necesidades y en sus formas de vida individual y comunitaria.
La lucha iniciada hace medio milenio por lo indios para afirmar su presencia, ha propiciado muchas veces transformaciones importantes en los marcos jurídicos formulados por los gobiernos mestizos para favorecer los propósitos de reconocimiento y dignificación. Desafortunadamente ahí se quedan, son letra muerta, no sucede nada favorable. Es necesario señalar que no se ha hecho aún lo suficiente, y en muchos casos ni siquiera lo mínimo necesario. En México por ejemplo, la discriminación y el racismo campean por doquier, sin que se hayan concretado gran parte de los ordenamientos indicados en las leyes referentes a los aspectos señalados. En el Artículo 2º. de la Carta Magna se expresa el reconocimiento a la diversidad indígena y la mayoría de los gobiernos en nuestros países reconocen también esta composición en su población. Pero esto no ha significado que estén debidamente articuladas las decisiones y acciones que apunten al rescate de los elementos étnicos existentes a lo largo de toda la geografía de las tierras americanas.
En la condición de mestizos nos fue difícil y doloroso al mismo tiempo admitir la existencia del “otro” diferente a “nosotros.” El desprecio por lo disímil y particularmente por “lo indio”, arraigó en lo profundo de la conciencia. Esta actitud fue un producto inevitable de la dominación que se ejerció sobre nuestra raza desde la época de la dominación europea. Padecimos tanto que acabamos por despreciar lo nuestro. Afortunadamente y en medio de un sinnúmero de obstáculos la situación empieza a transformarse, gracias al esfuerzo realizado por las etnias y por todos aquellos sectores sociales que han respaldado su causa. Esto ha conducido a algunos logros nada desdeñables, como el ordenamiento de la castellanización y la alfabetización en lenguas indígenas para la preservación y el fortalecimiento de las mismas y de las culturas de las que provienen.
Es necesario reconocer que el esfuerzo efectuado por todas las etnias del continente americano desde hace mucho tiempo, ha generado un cambio paulatino de actitud del mundo mestizo hacia la realidad indígena. En nuestro país la mayoría hemos tomado conciencia plena de los conflictos y situaciones por las que transitan en su existir cotidiano. Nos hemos sensibilizado y los reconocemos como nuestros hermanos, aunque ellos estén en condición de desventaja mucho mayor que la generalidad de los mexicanos. Avanzamos a paso firme en el reconocimiento de nuestra diversidad. Este ha sido un cambio muy positivo, porque se han empezado a gestar una serie de cambios en la percepción colectiva tendientes a su incorporación plena a la convivencia intercultural. Grupos sociales numerosos y organizaciones no gubernamentales, también han hecho su parte. Por desgracia, desde lo institucional no se ha concretado hasta ahora transformación alguna digna de encomio.
Lo que ha sucedido en otras latitudes en materia de la lucha por el reconocimiento y defensa de las culturas indígenas y la importancia de la educación intercultural bilingüe ha repercutido favorablemente en México. Las batallas libradas en distintas partes de Centro y Suramérica por los grupos indígenas de esas regiones no han sido aisladas y así lo demuestran los encuentros de indígenas que se han llevado a cabo en distintos países y en donde ha confluido la pluralidad étnica para discutir sobre sus derechos y sobre las vías posibles de solución para salvar los obstáculos que impiden que hagan valer esos derechos. Ha surgido una revalorización de nuestras raíces y ya no va a ser detenida por nada ni por nadie hasta que la vida en la multiculturalidad y la diversidad sea una plena realidad en todas las naciones con presencia indígena.
En nuestro país, esta lucha ha tenido un carácter muy especial con repercusiones a nivel mundial. Los indígenas del sur de México, iniciaron su lucha contra el mal gobierno y la injusticia desde 1994 y reavivaron la conciencia nacional respecto a los problemas de la etnias. Pero además de replantear la cuestión india, han sometido a discusión muchos otros aspectos económicos, políticos y culturales de la vida pública, que no son privativos de esos grupos sino que con matices diversos están presentes en otros estratos de la población.
Estamos avanzando en la creación de una realidad nacional verdaderamente incluyente, no discriminativa, que será producto de la incorporación de nuestra diversidad a la multiplicidad de relaciones en que se expresa nuestra cotidianidad como pueblo. Lamentablemente a veces vemos retrocesos gravísimos como el que se ha vivido los últimos días con los gobernantes y partidos políticos intolerantes en turno que buscan mutilar el derecho a la libre expresión y manifestación de las ideas. Si lo permitimos, significaría –sin duda- volver a transitar la realidad que ya experimentamos durante el siglo XX.
Afortunadamente, al cambio que se está gestando en México y en todo el continente, no hay nada que lo detenga. Hemos tomado conciencia de nuestra realidad indígena y vamos salvando satisfactoriamente el trauma existencial ocasionado por el genocidio español en contra de nuestros indígenas originarios. Pero falta uno de los pasos más difíciles de dar y es el de avanzar hacia el bilingüismo pleno, hacia la interculturalidad total. Uno de los recursos para subir este último peldaño es la educación. Es posible cambiar a mediano plazo este escenario porque la sociedad en general ha crecido en su noción de lo justo, de lo que es correcto para que todos vivamos mejor. Aunque los gobernantes vayan en sentido contrario hemos aprendido que la problemática de la relación humana tiene que ser resuelta entre todos. Por ello, si la educación hasta este momento, sólo ha respondido a propósitos de sojuzgamiento, se requiere articular y poner en marcha un proceso formativo que sea más eficaz para dar solución a todos los conflictos que se derivan de nuestra multiplicidad cultural y étnica.
Es necesario crear una educación que vigorice la singularidad cultural que nos es propia. De este propósito se deben desprender los retos de la escuela pública de nuestro tiempo para poder experimentar una forma distinta de vivir basada en la multiculturalidad y asumir así en forma realista este compromiso histórico. Desde mi punto de vista, para concretar un propósito de tal magnitud, se requiere tomar en cuenta los aspectos que a continuación menciono: Es imperativo que la educación propuesta para las realidades indígenas sea decidida con la participación de todas las etnias, para garantizar la inclusión de sus visiones y aspiraciones y no correr el riesgo de que se formule un proyecto vertical, diseñado unilateralmente y ajeno a sus necesidades e intereses. Y junto a esto, deberán ejercer además el derecho a tener sus propias escuelas y maestros.
La sociedad mexicana en su conjunto, necesita ser educada en la interculturalidad, en el reconocimiento a la diversidad. El camino más viable es modificando las formas de relación social y los valores que han prevalecido hasta ahora y que han tenido que ver con fines de dominación y hegemonía impuestos por unos cuantos. Para ello, el carácter de la escuela tendrá que ser radicalmente diferente. Este será un proceso lento -transgeneracional diría yo- porque la historia no avanza a saltos bruscos, sino por ciclos ni la conciencia humana se modifica de manera simultánea sino gradualmente. Para avanzar en este empeño, se deberá hacer válido el derecho a que las etnias reciban instrucción en sus propias lenguas y atendiendo en forma paralela la castellanización, de modo que al tiempo que se asimilan otras culturas y saberes se refuerzan los propios. Dicho proceso formativo abarcará además desde la educación elemental hasta la enseñanza superior, considerando así mismo en los contenidos curriculares, las modalidades y formas de relación, las prácticas culturales y los conocimientos de nuestros ancestros que han llegado hasta nuestros días a través de las culturas indígenas. Esto con el fin de fortalecerlos y garantizar su permanencia y expansión.
También es prudente estar en guardia para que a lo largo del proceso formativo no se privilegie ningún saber por encima de otros saberes para evitar la preeminencia, la discriminación o la relación de dependencia de una visión de la realidad sobre otra y así las escuelas dejarán de funcionar “al modo mestizo” lo que conducirá a la eliminación de los sistemas de pensamiento único. La interrelación entre la multiplicidad de saberes dará lugar al enriquecimiento de la comunidad y a un surgimiento de intercambios más diversos y humanos. Por último quiero sugerir -aunque no sea nada nuevo- que las instituciones educativas eduquen en el trabajo y la corresponsabilidad, en la vinculación estrecha entre la teoría y la práctica y cuidando siempre el equilibrio que deberá existir entre el trabajo manual y la actividad intelectual, para que lo aprendido incida de manera inmediata en la resolución de sus necesidades y en sus formas de vida individual y comunitaria.
Los pueblos indígenas y sus territorios. Nociones normativas.
Las normas son necesarias para regular la vida humana en sociedad. Pero tales reglas debieran de incluir a todos los habitantes de un país sin distingo de ninguna índole. Desafortunadamente no siempre es así. Conforme los grupos sociales experimentan cambios en su estructura, complejidad y tipos de relación, debe de efectuarse la readecuación de las normas a la diversidad que la realidad exhibe en su devenir inexorable. En otras palabras: si las personas y los grupos sociales se transforman, entonces las reglas que determinan su relación, también deben de modificarse. Cuando al interior de un país se efectúan estas transformaciones jurídicas, afectan a la sociedad en su conjunto o a los segmentos de la sociedad a que las normas en cuestión estén dirigidas. Estos cambios en los países multirraciales, por lo regular hay grupos que son situados aparte o que no son considerados, como el es caso de los indígenas. Es decir, no se ven favorecidos por ellas, pues el mundo mestizo deja de lado los derechos de estos pueblos…como si no existieran, particularmente el que hace referencia al derecho a sus tierras y territorios. La tierra en el indígena siempre ha revestido un carácter muy especial, que no es entendido por quienes no pertenezcan a estas culturas. Las leyes de los gobiernos civiles al no considerar los derechos de los indígenas sobre sus territorios dan lugar a dos hechos que es necesario analizar. El primero de ellos es que no se les concede personalidad jurídica de manera deliberada y no por omisión involuntaria. El segundo, para poder actuar en cualquier momento en contra de sus intereses a través del hostigamiento y el despojo para arrebatarles lo que desde siempre les ha pertenecido. Esto representa una violación indubitable a sus derechos individuales y colectivos; derechos que por cierto, no debieran restringirse ni conculcarse por ningún motivo. ¿O qué las etnias son menos humanas que el resto de las razas para poder actuar en el sentido señalado sin que suceda nada? Desde luego que no. Esta embestida en contra de sus derechos se ha concretado en mayor o en menor medida en todas las naciones en las cuales hay población indígena: lo mismo en los países de Sur y Centroamérica que en México. El desconocimiento de sus derechos y el despojo se efectúan –como dije antes- sin pensar jamás en lo que sus territorios han significado para ellos. Es decir, que es el espacio en el cual se origina y desarrolla la memoria de un pueblo, que a través de sus múltiples intercambios en la categoría del tiempo va adquiriendo un carácter sagrado, porque de la tierra han podido alimentarse, de ella nacieron, igual que sus ideas sobre el mundo, del que se experimentan como una parte indesligable. El territorio es también el lugar en donde lo sagrado, lo cotidiano y lo mítico confluyen. Es el espacio vital de sus sueños y sus desesperanzas, porque su historia ahí ha germinado y florecido. En este sentido es deplorable que las políticas pragmáticas y deshumanizadoras de esta época, aunadas a un sentido jurídico totalmente disociado de lo justo, hayan propiciado que la sobrevivencia de las culturas indias en América esté en riesgo. Dentro de este contexto la cuestión jurídica se ha caracterizado por el más acérrimo desprecio y por un desconocimiento casi total de la “condición india”. Las lagunas existentes, impelen a encaminar los esfuerzos a la creación de leyes que verdaderamente los incluya –considerando sus prácticas sociales y sus costumbres para que su identidad no naufrague y puedan abogar por sus derechos y evitando además, los procesos discriminatorios que se han profundizado en su contra en los últimos lustros.
Relación entre lengua, cultura y conocimiento.
Considero que los mazatecos han llegado a interrelacionar y a desarrollar con bastante eficacia la lengua, la cultura y el conocimiento. Es un hecho que las exigencias del contexto en que viven –la montaña- los ha impelido de manera permanente a perfeccionar y a diversificar los códigos de comunicación que han creado a través del desarrollo de su cultura y sus formas de vida. Con toda certeza, ellos han sabido siempre que la finalidad de todo código de comunicación es hacer llegar ideas y mensajes que puedan ser decodificados con la precisión requerida por el receptor. Asimismo, las lenguas hablada y escrita, son los sistemas de comunicación más eficaces que han producido. Pero junto a éstas, han estructurado otros sistemas de comunicación, que son un reflejo indudable de su creatividad e ingenio para emitir cualquier mensaje. Seguramente, han aprendido también, que un sistema de símbolos o signos, si sirve para comunicarse con un grado de eficacia deseable- es decir que al decodificarse no implique ambigüedades ni interpretaciones erróneas y si satisface sus requerimientos de comunicación, entonces es funcional. La utilización de los silbidos es uno de ellos, expresados como una práctica cultural, que tiene su origen en la necesidad de comunicarse aprovechando la fácil propagación de las ondas sonoras, y que ellos han empleado para enviar mensajes. Los silbidos -ya codificados- es decir, perfectamente diferenciados unos de otros, y acordados sus significados convencionalmente, los han transformado en un sistema de comunicación no verbal, que satisface una necesidad en el medio en que viven. Yo creo que si la cultura la concebimos como todo lo que el hombre hace, cualquier producto de su vida colectiva, de su relación social, toda creación humana -en el más amplio sentido de la palabra- y que no es parte del mundo natural, tiene qué ser necesariamente, un producto cultural. Desde este enfoque, todas las formas de vida de los mazatecos, diversidad de relaciones, mecanismos de transmisión de ideas, proyecciones colectivas y sistemas de valores, entre otros, son simultáneamente, cultura y conocimiento. Esta perspectiva nos indica que los nexos existentes entre lengua, cultura y conocimiento, son prácticamente indisolubles, porque el uno implica al otro. No podemos hablar de la cultura, sin que tengamos qué referirnos a las distintas formas de intercambiar mensajes, y si esa creación es algo que no existía en el vasto universo de la cultura, entonces…es también conocimiento. Y esta afirmación es válida –creo yo- no sólo para el caso de los mazatecos y sus formas distintas de comunicarse, sino para la cultura humana en general.
miércoles, 27 de enero de 2010
Reflexiones a partir de las ideas de Perrenoud.
La situación nacional, es hoy por hoy muy compleja. Existen demasiados problemas económicos y sociales; y la escuela no puede permanecer ajena ni lejana a una problemática que le concierne e implica. Esta afirmación es doblemente cierta, si además de la vocación formativa que le es propia, admitimos la relación que tiene que existir entre la educación y los distintos sectores de la economía; pero también, entre el desarrollo de éstos y la calidad y cantidad de los intercambios productivos que sostenemos con otros países. En virtud de ello, se ha puesto en marcha un modelo educativo basado en competencias laborales. Son varias las razones por las que la práctica educativa, amerita un cambio de esta magnitud. Por una parte, el crecimiento vertiginoso del conocimiento obliga a buscar la eficacia y niveles más profundos de especialización. Se visualiza pues, la emergencia de establecer vínculos más estrechos entre lo que las escuelas hacen y el mundo de la productividad. El imperativo es, instrumentar los cambios necesarios encaminados a la modificación sustancial de las prácticas pedagógicas tradicionales, que hasta hace poco, signaban la relación maestro-alumno; pues lo que sucedía en las aulas, se caracterizaba indefectiblemente, por modelos verticales basados en la transmisión y la receptividad. Este reconocimiento supone entre otras cosas, desechar la enseñanza verbalista y unilateral, de la que hemos sido producto y productores generaciones enteras de profesores que actualmente integramos el sistema educativo; y que hemos venido concretando nuestra función social, basados en los supuestos teóricos a los que me he referido.
El cambio que se ha iniciado ya, orienta el proceso todo, hacia una participación más directa y activa de los estudiantes; proponiendo para ello, la realización de una serie de tareas y retos que alientan la creatividad y la formación autónoma, mediante la inversión de los roles que habían venido configurando el continuum de nuestra cotidianidad. Tal aspiración ha supuesto también, impulsar al alumno a que movilice los saberes y el campo experiencial con el que cuenta; para que sea él mismo quien construya sus propios conocimientos. Lo deseable en un proyecto así, es la utilización de una pedagogía abierta. Es decir, no prescrita en su totalidad por el profesor, sino surgida de la dinámica interna de los grupos y de las decisiones de los propios estudiantes conforme se vayan involucrando en los procesos planteados por todos. Esta estrategia, daría como resultado una actuación no regulada de cada movimiento de los estudiantes y operaría a través de propuestas áulicas, que aunque el profesor actúe como un guía, estarían fundamentadas en el respeto irrestricto al hacer del alumno. La aspiración sería ampliar los márgenes de decisión y acción; y por lo mismo, del grado de corresponsabilidad de todos los implicados. Esto, nos hace pensar que es, ciertamente, una propuesta rica en perspectivas, porque modifica la posición de cada quien frente a la experiencia del conocimiento. Pero sugiere también, la adopción de posturas epistemológicas flexibles en las que los estudiantes saldrán conceptual y empíricamente enriquecidos.
Un cambio de semejante orientación, además de una nueva cultura en el aula, nos llevaría a asegurar en el futuro, el surgimiento de nuevas disposiciones, intereses y competencias no imaginados aún. Esta afirmación se basa en que la escuela dejaría de ser un espacio críptico entre profesores y estudiantes y de la escuela misma, con respecto a la comunidad.
Los centros educativos -vertidos invariablemente sobre sí mismos- serían receptivos a las ideas surgidas del exterior, que coadyuvarían con sus aportes y sugerencias en el desarrollo de las competencias que se juzgaran necesarias en el contexto económico y sociocultural. Esto significaría, efectivamente “una escuela de puertas abiertas”. El constructivismo, es el soporte teórico de este nuevo enfoque de trabajo. El problema central, siguen siendo las acciones que hay que desencadenar -algunas ya están en marcha- para ir transformando paulatinamente la praxis de la mayor parte de los educadores, ancladas como hemos dicho, en otros paradigmas que demostraron su eficacia en otros tiempos y en otras circunstancias socio-históricas. Sería ingenuo pensar que la praxis de los profesores se puede cambiar por decreto. La praxis educativa se transforma desde la praxis misma; en otras palabras: desde las experiencias de los propios profesores… ellos tienen qué ser los primeros convencidos. Este convencimiento del que hablo, sería el inicio de un desarrollo real de sus competencias profesionales adecuadas a las necesidades actuales. El desarrollo de las competencias docentes bajo este enfoque, tendría qué pasar primeramente:
a) Por el hecho de que el profesor deje de concebirse a sí mismo como un mero transmisor de saberes, de verdades inamovibles e irrefutables como si fuesen reveladas desde el púlpito irrevocable de una investidura institucional que no debe ser cuestionada.
b) Que asuma la normalidad de su quehacer como alguien que propone y promueve determinadas situaciones de aprendizaje para que los estudiantes movilicen sus potencialidades y ejerciten sus posibilidades de creación.
Esta metamorfosis de escenarios sometería por añadidura a los profesores a exigencias nuevas; a grado tal, que se verían impelidos inevitablemente a la remoción de sus esquemas anquilosados y a un replanteamiento radical de su relación con el conocimiento. Pero también, implicaría que las actividades propuestas, responderían con mayor certidumbre a los intereses de los alumnos, porque ellos mismos intervendrían en el diseño de sus contenidos. Su afán de descubrir sería el centro y el punto de arranque de todo el proceso instruccional. Esto comportaría una pluralidad de significados de una dimensión invaluable para la experiencia íntegra de la vida escolar en general. Emergerían respuestas frescas para los viejos problemas que ha planteado desde hace mucho tiempo la cuestión de los aprendizajes. Esta diversidad de ideas, intervendría en la realidad de la que hablamos, proporcionando un impulso sostenido y pleno de connotaciones diversas, que tenderían a redimensionar a las escuelas como centros de formación humana.
José Patricio Moreno Cuevas.
El cambio que se ha iniciado ya, orienta el proceso todo, hacia una participación más directa y activa de los estudiantes; proponiendo para ello, la realización de una serie de tareas y retos que alientan la creatividad y la formación autónoma, mediante la inversión de los roles que habían venido configurando el continuum de nuestra cotidianidad. Tal aspiración ha supuesto también, impulsar al alumno a que movilice los saberes y el campo experiencial con el que cuenta; para que sea él mismo quien construya sus propios conocimientos. Lo deseable en un proyecto así, es la utilización de una pedagogía abierta. Es decir, no prescrita en su totalidad por el profesor, sino surgida de la dinámica interna de los grupos y de las decisiones de los propios estudiantes conforme se vayan involucrando en los procesos planteados por todos. Esta estrategia, daría como resultado una actuación no regulada de cada movimiento de los estudiantes y operaría a través de propuestas áulicas, que aunque el profesor actúe como un guía, estarían fundamentadas en el respeto irrestricto al hacer del alumno. La aspiración sería ampliar los márgenes de decisión y acción; y por lo mismo, del grado de corresponsabilidad de todos los implicados. Esto, nos hace pensar que es, ciertamente, una propuesta rica en perspectivas, porque modifica la posición de cada quien frente a la experiencia del conocimiento. Pero sugiere también, la adopción de posturas epistemológicas flexibles en las que los estudiantes saldrán conceptual y empíricamente enriquecidos.
Un cambio de semejante orientación, además de una nueva cultura en el aula, nos llevaría a asegurar en el futuro, el surgimiento de nuevas disposiciones, intereses y competencias no imaginados aún. Esta afirmación se basa en que la escuela dejaría de ser un espacio críptico entre profesores y estudiantes y de la escuela misma, con respecto a la comunidad.
Los centros educativos -vertidos invariablemente sobre sí mismos- serían receptivos a las ideas surgidas del exterior, que coadyuvarían con sus aportes y sugerencias en el desarrollo de las competencias que se juzgaran necesarias en el contexto económico y sociocultural. Esto significaría, efectivamente “una escuela de puertas abiertas”. El constructivismo, es el soporte teórico de este nuevo enfoque de trabajo. El problema central, siguen siendo las acciones que hay que desencadenar -algunas ya están en marcha- para ir transformando paulatinamente la praxis de la mayor parte de los educadores, ancladas como hemos dicho, en otros paradigmas que demostraron su eficacia en otros tiempos y en otras circunstancias socio-históricas. Sería ingenuo pensar que la praxis de los profesores se puede cambiar por decreto. La praxis educativa se transforma desde la praxis misma; en otras palabras: desde las experiencias de los propios profesores… ellos tienen qué ser los primeros convencidos. Este convencimiento del que hablo, sería el inicio de un desarrollo real de sus competencias profesionales adecuadas a las necesidades actuales. El desarrollo de las competencias docentes bajo este enfoque, tendría qué pasar primeramente:
a) Por el hecho de que el profesor deje de concebirse a sí mismo como un mero transmisor de saberes, de verdades inamovibles e irrefutables como si fuesen reveladas desde el púlpito irrevocable de una investidura institucional que no debe ser cuestionada.
b) Que asuma la normalidad de su quehacer como alguien que propone y promueve determinadas situaciones de aprendizaje para que los estudiantes movilicen sus potencialidades y ejerciten sus posibilidades de creación.
Esta metamorfosis de escenarios sometería por añadidura a los profesores a exigencias nuevas; a grado tal, que se verían impelidos inevitablemente a la remoción de sus esquemas anquilosados y a un replanteamiento radical de su relación con el conocimiento. Pero también, implicaría que las actividades propuestas, responderían con mayor certidumbre a los intereses de los alumnos, porque ellos mismos intervendrían en el diseño de sus contenidos. Su afán de descubrir sería el centro y el punto de arranque de todo el proceso instruccional. Esto comportaría una pluralidad de significados de una dimensión invaluable para la experiencia íntegra de la vida escolar en general. Emergerían respuestas frescas para los viejos problemas que ha planteado desde hace mucho tiempo la cuestión de los aprendizajes. Esta diversidad de ideas, intervendría en la realidad de la que hablamos, proporcionando un impulso sostenido y pleno de connotaciones diversas, que tenderían a redimensionar a las escuelas como centros de formación humana.
José Patricio Moreno Cuevas.
Respuesta a pretextos para desarrollar competencias.
Compañera María Estrella: Foro. Pretextos para competencias.
En esto de la cuestión educativa, el problema en primera instancia, no es no es de enfoques, métodos, planes, programas, ni modelos, es de actitud. Estar dispuesto, por lo menos, al intercambio de ideas constituye siempre un buen inicio, porque revela interés y preocupación... conciencia de una responsabilidad humana voluntariamente elegida. Es honesto admitir, que no es sencillo responder de manera fehaciente a sus interrogantes, aceptando por supuesto, la complejidad de este asunto que nos atañe a todos como profesores -y que trasciende incluso nuestro ámbito de competencia- porque involucra a autoridades de otros niveles, que son quienes efectivamente toman las decisiones y marcan los derroteros principales, al margen -desafortunadamente- de lo que el profesor común considera como deseable y necesario. De cualquier manera, y hechas estas salvedades, intentaré esbozar alguna idea que pudiera servir como punto de partida para una discusión más profunda; sin pretender en modo alguno, que ésta se asemeje a la invención del agua tibia:
Reconociendo de entrada, que el problema educativo de nuestro país, no va a resolverse contemplando soluciones únicas que sean consideradas como fórmulas infalibles. Sobre todo sin haber previsto -por lo menos- sus repercusiones a mediano y a largo plazos. Esto equivaldría, a asumir la realidad en que nos desenvolvemos como si fuera una fatalidad. Si nos preciamos de ser educadores, no debemos admitir "recetas" o modelos incontestables -vengan de quien vengan- ni aunque proviniesen del presidente de la república. Sería conveniente estructurar a nivel plantel, programas instruccionales en los que le concediéramos mayor preeminencia al desarrollo de la persona humana, de su dignidad y de sus derechos; y que además, los alternáramos con la educación basada en competencias; que en sí misma, -dicho sea de paso- no tiene nada de malo; aunque yo la vea tullida, cojitranca, paticoja, segmentada y cascorva en virtud de que no considera al ser social en su totalidad.
Esto implicaría, entre otras cosas, no educar sólo en función de competencias que persigan la inclusión de un sujeto a un sistema productivo dado; eliminando otras dimensiones de las personas como las emociones, los sentimientos, los contextos socio-históricos en los que han concretado sus intercambios vitales y que han conformado a lo largo del tiempo, los contenidos de su conciencia, sus aspiraciones y posibilidades de expansión. Yo incidiría en todas aquellas actividades y formas de relación escolar que sirvan para despertar la curiosidad de los estudiantes, el deseo de saber, pero que den respuesta a sus intereses y potencialidades reales. Tendríamos que renunciar a encajonarlos a todos dentro de un proceso único, como lo hemos hecho hasta ahora. Se nos olvidan con frecuencia las diferencias individuales, la singularidad e irrepetibilidad de cada uno de los seres que llenan nuestras aulas y que son nuestra razón de existir. Y merced a este olvido -involuntario quizás por una parte y propiciado por otra- procedemos de manera mecánica metiéndolos a todos en un mismo costal como si fuesen cosas y fustigados por nuestro ajuste al deber ser.
Generalmente nos conducimos así, porque tenemos que cumplir con un programa de estudios, de seguir una metodología y una ruta teórica que ya nos han sido prescritas, de vigilar el desarrollo de las competencias que ya nos han dicho cuáles son. Para terminar -que no concluir- diré que no sería malo creer en la conveniencia de fortalecer el colectivo de los profesores a nivel escuela -aunque esto vulnere la verticalidad de la autoridad- formulando y poniendo en marcha un proyecto que cristalice las propuestas de todos en el sentido señalado; diversificando y enriqueciendo lo más posible las aportaciones, sin eliminar jamás el derecho a disentir. Soñar no cuesta nada...
Me dio gusto haberla saludado. Patricio Moreno C.
Wendy y compañeros todos.
Después de saludarlos con afecto, quiero decirles que yo creo que no está nada mal la propuesta de la educación basada en competencias laborales, la teoría constructivista, los nuevos roles de profesores y alumnos etc etc. Pero bueno sería no perder de vista el carácter renovador que invariablemente debe de tener el quehacer del maestro en el contexto donde desarrolla su función social. De hecho, debe de ser una de las más esperanzadoras a efectos de liberar a los educandos de la opresión y la ignorancia de que son víctimas. El término liberación lo empleo en el sentido en que lo expresara Paulo Freire alguna vez. Si el proceso educativo y el quehacer del maestro no sirven a este fin, quiere decir que educar responde a otros propósitos que tienen que ver con los intereses del Estado. Como educadores hemos de ejercer invariablemente nuestras posibilidades de modificar la conciencia de quienes pretendemos enseñar, a efectos de no transformarnos en instrumentos pasivos, en hacedores de un rol alienado. Debemos analizar concienzudamente hacia donde vamos con este proyecto educativo y si realmente devendrá en un mecanismo de crecimiento y expansión humana. Esto lo digo, ¡porque me entristece ver las participaciones de todos ustedes convertidos ya en apologistas de un modelo instruccional que ha emergido de las entrañas del libre mercado, de los procesos globalizadores, del imperialismo norteamericano y del gran capital internacional! Esto implica -evidentemente- haber arrojado ya al cubo de la basura nuestra identidad histórico-cultural, el ser del mexicano al que debiera responder una educación auténticamente nacionalista. Es un proyecto de formación humana subordinado a los intereses de la economía. ¡Y los veo a todos ustedes muy satisfechos parafraseando a pie juntillas lo que dicen los documentos oficiales pero sin expresar ninguna idea propia! Pero síganle... así van bien. El día de mañana despertarán y se darán cuenta de que los que ayer fueron sus alumnos, estarán incorporados ya, a los procesos de producción en las fábricas o en las maquiladoras, convertidos en autómatas, muy eficaces en la realización de una tarea técnica pero incapaces de pensar y de cuestionarse el orden social, mucho
menos de convertirse en agentes de cambio... y en el peor de los casos, los verán engrosando el ejército de desempleados mientras sus famélicas familias sobreviven en la miseria... Creo que con un modelo como el que nos están imponiendo a lo más que podemos aspirar es a ser "instructores light". No se les olvide que ya no somos profesores ni maestros: somos facilitadores. Es para desternillarse de risa la banalización terminológica. Pero bueno, sigan escribiendo lindezas acerca del modelo y renuncien a su derecho a ser ustedes mismos a cuestionar su entorno y a innovar. En el fondo una postura así es más cómoda: te limitas a decir todo lo que quieren escuchar. Es algo como aprenderse el catecismo pedagógico. Aunque por esta vía quedemos anulados como educadores; porque en tal caso, no existiría ningún vínculo ético entre las ideas que expresamos, los esfuerzos cotidianos y la indigencia ontológica de nuestros estudiantes.
Feliz inicio de semana.
En esto de la cuestión educativa, el problema en primera instancia, no es no es de enfoques, métodos, planes, programas, ni modelos, es de actitud. Estar dispuesto, por lo menos, al intercambio de ideas constituye siempre un buen inicio, porque revela interés y preocupación... conciencia de una responsabilidad humana voluntariamente elegida. Es honesto admitir, que no es sencillo responder de manera fehaciente a sus interrogantes, aceptando por supuesto, la complejidad de este asunto que nos atañe a todos como profesores -y que trasciende incluso nuestro ámbito de competencia- porque involucra a autoridades de otros niveles, que son quienes efectivamente toman las decisiones y marcan los derroteros principales, al margen -desafortunadamente- de lo que el profesor común considera como deseable y necesario. De cualquier manera, y hechas estas salvedades, intentaré esbozar alguna idea que pudiera servir como punto de partida para una discusión más profunda; sin pretender en modo alguno, que ésta se asemeje a la invención del agua tibia:
Reconociendo de entrada, que el problema educativo de nuestro país, no va a resolverse contemplando soluciones únicas que sean consideradas como fórmulas infalibles. Sobre todo sin haber previsto -por lo menos- sus repercusiones a mediano y a largo plazos. Esto equivaldría, a asumir la realidad en que nos desenvolvemos como si fuera una fatalidad. Si nos preciamos de ser educadores, no debemos admitir "recetas" o modelos incontestables -vengan de quien vengan- ni aunque proviniesen del presidente de la república. Sería conveniente estructurar a nivel plantel, programas instruccionales en los que le concediéramos mayor preeminencia al desarrollo de la persona humana, de su dignidad y de sus derechos; y que además, los alternáramos con la educación basada en competencias; que en sí misma, -dicho sea de paso- no tiene nada de malo; aunque yo la vea tullida, cojitranca, paticoja, segmentada y cascorva en virtud de que no considera al ser social en su totalidad.
Esto implicaría, entre otras cosas, no educar sólo en función de competencias que persigan la inclusión de un sujeto a un sistema productivo dado; eliminando otras dimensiones de las personas como las emociones, los sentimientos, los contextos socio-históricos en los que han concretado sus intercambios vitales y que han conformado a lo largo del tiempo, los contenidos de su conciencia, sus aspiraciones y posibilidades de expansión. Yo incidiría en todas aquellas actividades y formas de relación escolar que sirvan para despertar la curiosidad de los estudiantes, el deseo de saber, pero que den respuesta a sus intereses y potencialidades reales. Tendríamos que renunciar a encajonarlos a todos dentro de un proceso único, como lo hemos hecho hasta ahora. Se nos olvidan con frecuencia las diferencias individuales, la singularidad e irrepetibilidad de cada uno de los seres que llenan nuestras aulas y que son nuestra razón de existir. Y merced a este olvido -involuntario quizás por una parte y propiciado por otra- procedemos de manera mecánica metiéndolos a todos en un mismo costal como si fuesen cosas y fustigados por nuestro ajuste al deber ser.
Generalmente nos conducimos así, porque tenemos que cumplir con un programa de estudios, de seguir una metodología y una ruta teórica que ya nos han sido prescritas, de vigilar el desarrollo de las competencias que ya nos han dicho cuáles son. Para terminar -que no concluir- diré que no sería malo creer en la conveniencia de fortalecer el colectivo de los profesores a nivel escuela -aunque esto vulnere la verticalidad de la autoridad- formulando y poniendo en marcha un proyecto que cristalice las propuestas de todos en el sentido señalado; diversificando y enriqueciendo lo más posible las aportaciones, sin eliminar jamás el derecho a disentir. Soñar no cuesta nada...
Me dio gusto haberla saludado. Patricio Moreno C.
Wendy y compañeros todos.
Después de saludarlos con afecto, quiero decirles que yo creo que no está nada mal la propuesta de la educación basada en competencias laborales, la teoría constructivista, los nuevos roles de profesores y alumnos etc etc. Pero bueno sería no perder de vista el carácter renovador que invariablemente debe de tener el quehacer del maestro en el contexto donde desarrolla su función social. De hecho, debe de ser una de las más esperanzadoras a efectos de liberar a los educandos de la opresión y la ignorancia de que son víctimas. El término liberación lo empleo en el sentido en que lo expresara Paulo Freire alguna vez. Si el proceso educativo y el quehacer del maestro no sirven a este fin, quiere decir que educar responde a otros propósitos que tienen que ver con los intereses del Estado. Como educadores hemos de ejercer invariablemente nuestras posibilidades de modificar la conciencia de quienes pretendemos enseñar, a efectos de no transformarnos en instrumentos pasivos, en hacedores de un rol alienado. Debemos analizar concienzudamente hacia donde vamos con este proyecto educativo y si realmente devendrá en un mecanismo de crecimiento y expansión humana. Esto lo digo, ¡porque me entristece ver las participaciones de todos ustedes convertidos ya en apologistas de un modelo instruccional que ha emergido de las entrañas del libre mercado, de los procesos globalizadores, del imperialismo norteamericano y del gran capital internacional! Esto implica -evidentemente- haber arrojado ya al cubo de la basura nuestra identidad histórico-cultural, el ser del mexicano al que debiera responder una educación auténticamente nacionalista. Es un proyecto de formación humana subordinado a los intereses de la economía. ¡Y los veo a todos ustedes muy satisfechos parafraseando a pie juntillas lo que dicen los documentos oficiales pero sin expresar ninguna idea propia! Pero síganle... así van bien. El día de mañana despertarán y se darán cuenta de que los que ayer fueron sus alumnos, estarán incorporados ya, a los procesos de producción en las fábricas o en las maquiladoras, convertidos en autómatas, muy eficaces en la realización de una tarea técnica pero incapaces de pensar y de cuestionarse el orden social, mucho
menos de convertirse en agentes de cambio... y en el peor de los casos, los verán engrosando el ejército de desempleados mientras sus famélicas familias sobreviven en la miseria... Creo que con un modelo como el que nos están imponiendo a lo más que podemos aspirar es a ser "instructores light". No se les olvide que ya no somos profesores ni maestros: somos facilitadores. Es para desternillarse de risa la banalización terminológica. Pero bueno, sigan escribiendo lindezas acerca del modelo y renuncien a su derecho a ser ustedes mismos a cuestionar su entorno y a innovar. En el fondo una postura así es más cómoda: te limitas a decir todo lo que quieren escuchar. Es algo como aprenderse el catecismo pedagógico. Aunque por esta vía quedemos anulados como educadores; porque en tal caso, no existiría ningún vínculo ético entre las ideas que expresamos, los esfuerzos cotidianos y la indigencia ontológica de nuestros estudiantes.
Feliz inicio de semana.
Diagnóstico socioeducativo.
TEMA: El entorno.
La comunidad de Estancia de Ánimas es parte del Municipio de Villa González Ortega, Zac., en la que desde hace varios años ha estado operando un grupo de extensión del Centro de Bachillerato Tecnológico agropecuario No 88 de Ojocaliente, Zac. Hay sin lugar a dudas, una serie de características geográficas, climáticas, económicas y aún culturales que son compartidas por estos grupos de población asentados en los lugares que ya he señalado y que iré indicando conforme avance el desarrollo del presente trabajo. Luego de haber aplicado algunos instrumentos para recabar información relativa al entorno en que se encuentra ubicado el grupo de extensión al que he aludido, los datos arrojados fueron los siguientes: por lo menos la mitad de la población de la comunidad de Estancia de Ánimas, radica en los Estados Unidos de Norteamérica. No hay familia que no tenga parientes allá. Y hay varias de ellas que radican allá desde hace varios años Este hecho de por sí marca ya, un aspecto decisivo por lo menos en lo que respecta a sus ideas y tendencias, inclinaciones y proyectos individuales y familiares.
Gran parte de los jóvenes crecen con la idea de emigrar tal como lo han hecho sus hermanos mayores, sus padres y sus abuelos. Este factor incide en buena medida en que las aspiraciones de muchos de ellos están determinadas por este hecho. Y es desde luego una limitante para las aspiraciones de carácter intelectual. Esto lo afirmo también porque el contexto familiar y sociocultural -invariablemente- ejerce un efecto poderoso en la configuración de las ideas de las generaciones viejas sobre las jóvenes. Con esta afirmación no pretendo insinuar que haya una afectación a su identidad. Los habitantes de la comunidad tienen plena conciencia de lo que son; es decir, mexicanos. Pero en determinado momento, se ven en la imperiosa necesidad de abandonar su lugar de origen para asegurar su subsistencia material y la de sus familias. Resulta claro que su identidad no se vulnera, porque aún viviendo en el vecino país del norte, conservan sus lazos filiales, el amor a su terruño. Pero todavía más: a pesar de que están insertos en una cultura diametralmente opuesta y sometidos a la agresión de otras formas de vivir, siguen preservando las costumbres básicas y el ser de la mexicanidad. Otra parte importante de los habitantes se dedican a los trabajos de tipo agrícola, específicamente al cultivo de maíz, frijol, chile y uva. La mayor parte de las tierras de la región son para cultivos de temporal, pero también hay algunas que son destinadas a cultivos de riego, como los dos últimos de los señalados por ejemplo. No obstante que los recursos que generan a través de la agricultura no son escasos, según la información arrojada, la mayor parte de la economía de las familias es soportada por las remesas que envían los parientes que están en norte y que coadyuva al sostenimiento de la gente, porque la agricultura suele tener períodos de descenso por las sequías o los siniestros meteorológicos.
La calidad de vida de la mayor parte de sus habitantes es regular y en este hecho inciden en forma importante la alimentación, pues el nivel socioeconómico es de término medio, aunque también existen muchas familias signadas por las carencias y la pobreza extrema. Y tal situación determina -desafortunadamente- gran parte de la disposición de los estudiantes para dedicarse a las tareas académicas con la certidumbre que dicho proceso exige. Se ve con claridad que buena parte de los padres están al pendiente de lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, sobre todo en lo relativo al trabajo escolar. Y tal situación, es un factor positivo en las conductas y disposiciones de gran parte de ellos. Aunque referente a este punto, sí convendría ser más precisos. Existe la creencia generalizada de que los padres cuando envían a sus hijos a la escuela, ya cumplieron con su parte y que eso es lo único que tenían qué hacer. Y esto no es cierto. Tal actitud de los progenitores ha devenido en una situación que equivale a arrojar sobre las escuelas la responsabilidad total de la formación de sus hijos. Considero en este sentido, que hace falta más cercanía y comunicación de las familias con la escuela. Seguramente así, los profesores y la escuela en general podríamos resolver con mayor certeza los principales problemas que enfrentamos en el proceso educativo.
En lo que respecta a la cuestión de salud, son estudiantes sanos. No han adquirido ningún vicio ni padecen enfermedades generalizadas. Hay servicios médicos de salud pública y privada, tanto en la comunidad como en la cabecera municipal -Villa González Ortega, Zac.- que se encuentra a ocho kilómetros de distancia. En las buenas condiciones de salud que prevalecen, ayuda mucho la práctica del deporte. En sus ratos libres en la escuela y fuera de ella, juegan al futbol, al volibol, y montan a caballo. El contexto escolar, y concretamente las condiciones de infraestructura -que por ser grupo de extensión- son bastante restringidas; a grado tal, que coartan la capacidad de acción o la eficacia de algunas tareas técnicas o académicas. Y me refiero concretamente a que no existe aún un edificio escolar que permita la realización fluida y normal de gran parte de las actividades que son parte ordinaria de la dinámica educativa; tales como: aulas suficientes, talleres, laboratorios y espacios deportivos. Cabe agregar que desde el año 2008, ya estaban autorizados los recursos para la construcción de un nuevo Centro de Bachillerato Tecnológico agropecuario, pero la situación de crisis económica de este año que concluye impidió que se iniciara la construcción de la primera fase de las instalaciones. Hemos advertido quienes laboramos en este centro educativo, que a pesar de que el gran problema de la comunidad y de la región es la migración debido a la escasez de empleo y de posibilidades que permitan la subsistencia digna de gran parte de las familias, la escuela de educación media superior que se tiene proyectada, vendría a convertirse en un polo de desarrollo regional, en un mecanismo de retención de la población migrante para evitar la fuga de capital humano; y además, en un espacio de generación de oportunidades y mejoramiento cultural y social. Y afirmo esto, porque en cierta forma ya lo es, no obstante las limitaciones señaladas. La población escolar está formada por 105 alumnos en la modalidad escolarizada, dividida en tres grupos que están cursando actualmente los semestres I, III Y V, aunque también existe el Sistema Abierto de Educación Tecnológica Agropecuaria (SAETA) en el que atendemos actualmente a un grupo de primero y otro en tercer semestre.
Otro factor importante, es el interés de la mayoría de los estudiantes en la escuela. Se sienten identificados con ella. Saben que es de ellos y que es parte integral de su comunidad. Resulta fácil deducir que si se abrieran espacios de oportunidad para seguir estudiando y trabajando en la región y en el Estado, se detendría en gran medida el flujo migratorio. Siempre hemos sabido que la gente emigra por necesidad. Un aspecto más que es muy favorable -y que ya hemos comentado alguna vez- es el relacionado con las características de los alumnos de estos últimos años. Traen ya un perfil dirigido hacia la utilización de las nuevas tecnologías. Son de las generaciones que fueron amamantadas con el televisor y el nintendo.
Esto en cierta forma, representa una ventaja muy importante, porque han venido creciendo y desarrollando sus intercambios culturales dentro de esta dinámica y género de ideas. Sólo falta proporcionarles los medios y dirigir y reencauzar la inquietud por la tecnología. Ni siquiera el cinco por ciento de los estudiantes posee una computadora en casa. Esta carencia evidencia una limitación más. Pero afortunadamente la escuela cuenta ya con doce máquinas que están operando en forma normal y los alumnos las tienen a su disposición durante las horas de la jornada diaria. No obstante esta ventaja agrego que no existe el internet en la comunidad. Otra situación que es pertinente resaltar es que los perfiles de los profesores que atienden a los estudiantes, son los adecuados y la generalidad de las veces, la relación suele ser buena y constructiva para ambas partes.
José Patricio Moreno Cuevas.
La comunidad de Estancia de Ánimas es parte del Municipio de Villa González Ortega, Zac., en la que desde hace varios años ha estado operando un grupo de extensión del Centro de Bachillerato Tecnológico agropecuario No 88 de Ojocaliente, Zac. Hay sin lugar a dudas, una serie de características geográficas, climáticas, económicas y aún culturales que son compartidas por estos grupos de población asentados en los lugares que ya he señalado y que iré indicando conforme avance el desarrollo del presente trabajo. Luego de haber aplicado algunos instrumentos para recabar información relativa al entorno en que se encuentra ubicado el grupo de extensión al que he aludido, los datos arrojados fueron los siguientes: por lo menos la mitad de la población de la comunidad de Estancia de Ánimas, radica en los Estados Unidos de Norteamérica. No hay familia que no tenga parientes allá. Y hay varias de ellas que radican allá desde hace varios años Este hecho de por sí marca ya, un aspecto decisivo por lo menos en lo que respecta a sus ideas y tendencias, inclinaciones y proyectos individuales y familiares.
Gran parte de los jóvenes crecen con la idea de emigrar tal como lo han hecho sus hermanos mayores, sus padres y sus abuelos. Este factor incide en buena medida en que las aspiraciones de muchos de ellos están determinadas por este hecho. Y es desde luego una limitante para las aspiraciones de carácter intelectual. Esto lo afirmo también porque el contexto familiar y sociocultural -invariablemente- ejerce un efecto poderoso en la configuración de las ideas de las generaciones viejas sobre las jóvenes. Con esta afirmación no pretendo insinuar que haya una afectación a su identidad. Los habitantes de la comunidad tienen plena conciencia de lo que son; es decir, mexicanos. Pero en determinado momento, se ven en la imperiosa necesidad de abandonar su lugar de origen para asegurar su subsistencia material y la de sus familias. Resulta claro que su identidad no se vulnera, porque aún viviendo en el vecino país del norte, conservan sus lazos filiales, el amor a su terruño. Pero todavía más: a pesar de que están insertos en una cultura diametralmente opuesta y sometidos a la agresión de otras formas de vivir, siguen preservando las costumbres básicas y el ser de la mexicanidad. Otra parte importante de los habitantes se dedican a los trabajos de tipo agrícola, específicamente al cultivo de maíz, frijol, chile y uva. La mayor parte de las tierras de la región son para cultivos de temporal, pero también hay algunas que son destinadas a cultivos de riego, como los dos últimos de los señalados por ejemplo. No obstante que los recursos que generan a través de la agricultura no son escasos, según la información arrojada, la mayor parte de la economía de las familias es soportada por las remesas que envían los parientes que están en norte y que coadyuva al sostenimiento de la gente, porque la agricultura suele tener períodos de descenso por las sequías o los siniestros meteorológicos.
La calidad de vida de la mayor parte de sus habitantes es regular y en este hecho inciden en forma importante la alimentación, pues el nivel socioeconómico es de término medio, aunque también existen muchas familias signadas por las carencias y la pobreza extrema. Y tal situación determina -desafortunadamente- gran parte de la disposición de los estudiantes para dedicarse a las tareas académicas con la certidumbre que dicho proceso exige. Se ve con claridad que buena parte de los padres están al pendiente de lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, sobre todo en lo relativo al trabajo escolar. Y tal situación, es un factor positivo en las conductas y disposiciones de gran parte de ellos. Aunque referente a este punto, sí convendría ser más precisos. Existe la creencia generalizada de que los padres cuando envían a sus hijos a la escuela, ya cumplieron con su parte y que eso es lo único que tenían qué hacer. Y esto no es cierto. Tal actitud de los progenitores ha devenido en una situación que equivale a arrojar sobre las escuelas la responsabilidad total de la formación de sus hijos. Considero en este sentido, que hace falta más cercanía y comunicación de las familias con la escuela. Seguramente así, los profesores y la escuela en general podríamos resolver con mayor certeza los principales problemas que enfrentamos en el proceso educativo.
En lo que respecta a la cuestión de salud, son estudiantes sanos. No han adquirido ningún vicio ni padecen enfermedades generalizadas. Hay servicios médicos de salud pública y privada, tanto en la comunidad como en la cabecera municipal -Villa González Ortega, Zac.- que se encuentra a ocho kilómetros de distancia. En las buenas condiciones de salud que prevalecen, ayuda mucho la práctica del deporte. En sus ratos libres en la escuela y fuera de ella, juegan al futbol, al volibol, y montan a caballo. El contexto escolar, y concretamente las condiciones de infraestructura -que por ser grupo de extensión- son bastante restringidas; a grado tal, que coartan la capacidad de acción o la eficacia de algunas tareas técnicas o académicas. Y me refiero concretamente a que no existe aún un edificio escolar que permita la realización fluida y normal de gran parte de las actividades que son parte ordinaria de la dinámica educativa; tales como: aulas suficientes, talleres, laboratorios y espacios deportivos. Cabe agregar que desde el año 2008, ya estaban autorizados los recursos para la construcción de un nuevo Centro de Bachillerato Tecnológico agropecuario, pero la situación de crisis económica de este año que concluye impidió que se iniciara la construcción de la primera fase de las instalaciones. Hemos advertido quienes laboramos en este centro educativo, que a pesar de que el gran problema de la comunidad y de la región es la migración debido a la escasez de empleo y de posibilidades que permitan la subsistencia digna de gran parte de las familias, la escuela de educación media superior que se tiene proyectada, vendría a convertirse en un polo de desarrollo regional, en un mecanismo de retención de la población migrante para evitar la fuga de capital humano; y además, en un espacio de generación de oportunidades y mejoramiento cultural y social. Y afirmo esto, porque en cierta forma ya lo es, no obstante las limitaciones señaladas. La población escolar está formada por 105 alumnos en la modalidad escolarizada, dividida en tres grupos que están cursando actualmente los semestres I, III Y V, aunque también existe el Sistema Abierto de Educación Tecnológica Agropecuaria (SAETA) en el que atendemos actualmente a un grupo de primero y otro en tercer semestre.
Otro factor importante, es el interés de la mayoría de los estudiantes en la escuela. Se sienten identificados con ella. Saben que es de ellos y que es parte integral de su comunidad. Resulta fácil deducir que si se abrieran espacios de oportunidad para seguir estudiando y trabajando en la región y en el Estado, se detendría en gran medida el flujo migratorio. Siempre hemos sabido que la gente emigra por necesidad. Un aspecto más que es muy favorable -y que ya hemos comentado alguna vez- es el relacionado con las características de los alumnos de estos últimos años. Traen ya un perfil dirigido hacia la utilización de las nuevas tecnologías. Son de las generaciones que fueron amamantadas con el televisor y el nintendo.
Esto en cierta forma, representa una ventaja muy importante, porque han venido creciendo y desarrollando sus intercambios culturales dentro de esta dinámica y género de ideas. Sólo falta proporcionarles los medios y dirigir y reencauzar la inquietud por la tecnología. Ni siquiera el cinco por ciento de los estudiantes posee una computadora en casa. Esta carencia evidencia una limitación más. Pero afortunadamente la escuela cuenta ya con doce máquinas que están operando en forma normal y los alumnos las tienen a su disposición durante las horas de la jornada diaria. No obstante esta ventaja agrego que no existe el internet en la comunidad. Otra situación que es pertinente resaltar es que los perfiles de los profesores que atienden a los estudiantes, son los adecuados y la generalidad de las veces, la relación suele ser buena y constructiva para ambas partes.
José Patricio Moreno Cuevas.
Los usos de internet.
Compañera Ana Belem: 41
El aspecto que mencionas respecto al uso inadecuado del internet por los jóvenes sobre todo el que tiene que ver con la pornografía, es uno de los aspectos más delicados, en esta etapa de la vida. La necesidad de información sobre muchos temas que tienen que ver con la sexualidad, los lleva a buscarla donde sea y las más de las veces no es en las fuentes más adecuadas para su edad y nivel de madurez. Los daños que se pueden causar ellos mismos al accesar a información que no tienen aún el criterio suficiente para procesarla en forma debida, nos coloca al borde de un sinnúmero de daños. En tal sentido, se necesita que los padres de familia vigilemos con más cuidado a nuestros hijos y que estemos supervisando de manera permanente cuáles son las páginas y sitios que nuestros hijos consultan. Desafortunadamente ese es uno de los riesgos de la tecnología y de la época actual, sobre los que desafortunadamente no se puede tener el control que los profesores y los padres quisiéramos. Esto lo digo por todas las implicaciones que tiene un manejo inadecuado de la información e inquietudes relativas a la cuestión sexual. Los daños pueden ser impredecibles en términos de orientación de sentimientos, actitudes y tendencias que pueden llevar a serios trastornos en etapas posteriores. Se hace necesario revisar la escala de valores en las cuales se mueven los jóvenes motivados por tales influencias y determinar si son los más deseables, tanto para ellos como para las generaciones adultas.
Patricio Moreno C.
Compañeros:
Luego de haber rescatado alguna información relacionada con los intereses que los jóvenes tienen en el uso de Internet, no se descubre nada nuevo en realidad. Sólo se corrobora lo que ya sabemos los profesores de antemano: la tendencia de los estudiantes del uso de esta herramienta más con carácter recreativo que con fines formativos propiamente dichos. En tal sentido, hace falta encauzar sus inclinaciones referentes al uso de esta herramienta tecnológica. Pero la orientación de su uso en realidad no es un problema en sí. Es algo positivo que las nuevas generaciones se interesen por la tecnología, eso representa de por sí un gran avance; porque es parte de su tiempo y de su contexto. Cuestión de reorientar sus búsquedas, lo que se conseguiría transitando de un uso meramente distractivo a otro que tenga un carácter más educativo y formativo.
Patricio Moreno C.
El aspecto que mencionas respecto al uso inadecuado del internet por los jóvenes sobre todo el que tiene que ver con la pornografía, es uno de los aspectos más delicados, en esta etapa de la vida. La necesidad de información sobre muchos temas que tienen que ver con la sexualidad, los lleva a buscarla donde sea y las más de las veces no es en las fuentes más adecuadas para su edad y nivel de madurez. Los daños que se pueden causar ellos mismos al accesar a información que no tienen aún el criterio suficiente para procesarla en forma debida, nos coloca al borde de un sinnúmero de daños. En tal sentido, se necesita que los padres de familia vigilemos con más cuidado a nuestros hijos y que estemos supervisando de manera permanente cuáles son las páginas y sitios que nuestros hijos consultan. Desafortunadamente ese es uno de los riesgos de la tecnología y de la época actual, sobre los que desafortunadamente no se puede tener el control que los profesores y los padres quisiéramos. Esto lo digo por todas las implicaciones que tiene un manejo inadecuado de la información e inquietudes relativas a la cuestión sexual. Los daños pueden ser impredecibles en términos de orientación de sentimientos, actitudes y tendencias que pueden llevar a serios trastornos en etapas posteriores. Se hace necesario revisar la escala de valores en las cuales se mueven los jóvenes motivados por tales influencias y determinar si son los más deseables, tanto para ellos como para las generaciones adultas.
Patricio Moreno C.
Compañeros:
Luego de haber rescatado alguna información relacionada con los intereses que los jóvenes tienen en el uso de Internet, no se descubre nada nuevo en realidad. Sólo se corrobora lo que ya sabemos los profesores de antemano: la tendencia de los estudiantes del uso de esta herramienta más con carácter recreativo que con fines formativos propiamente dichos. En tal sentido, hace falta encauzar sus inclinaciones referentes al uso de esta herramienta tecnológica. Pero la orientación de su uso en realidad no es un problema en sí. Es algo positivo que las nuevas generaciones se interesen por la tecnología, eso representa de por sí un gran avance; porque es parte de su tiempo y de su contexto. Cuestión de reorientar sus búsquedas, lo que se conseguiría transitando de un uso meramente distractivo a otro que tenga un carácter más educativo y formativo.
Patricio Moreno C.
Lo que compartimos.
a. Desarrollar nuestro trabajo basados en la creencia inexacta de que efectivamente aplicamos las metodologías que se necesitan para que los alumnos aprendan.
b. Pensar erróneamente que nuestra escuela es el mejor espacio posible en el cual concretar el proceso de los aprendizajes y que todos los problemas que surgen tienen su origen y solución exclusivamente en la parte metodológica.
c. Creer que los conflictos educativos tienen sólo como punto de origen y culminación la preparación académica del maestro; -que si bien es un factor decisivo- se olvida la totalidad de los factores institucionales que interactúan entre sí y que definen su orientación y quehacer.
d. El problema de la disciplina en los grupos obedece al escaso interés de los estudiantes no sólo en los contenidos de los programas sino también en las metodologías empleadas.
e. El problema de la simulación –no sólo en lo que hace el maestro- sino en la totalidad de relaciones, acciones y omisiones de la institución educativa en general.
f. Se necesita un plan general de acción que contemple la reestructuración curricular periódica; pero propuesto desde la práctica, no desde las instancias administrativas, oficiales que por lo regular proceden de manera vertical, pretendiendo arreglar todo desde arriba y de un sólo plumazo, sin considerar la información y los referentes arrojados por las experiencias de los profesores que no siempre son tan afortunadas como solemos imaginarnos.
g. La inexistencia de un proyecto educativo institucional de inmediato, mediano y largo plazos que articule las acciones y decisiones en la dinámica escolar cotidiana. Y no lo hay, porque generalmente se piensa que es sustituido por el modelo educativo vigente, y que por tanto, todas las respuestas surgirán exclusivamente desde ordenamientos puramente prescriptivos.
h. El error de admitir -desde una posición instrumental y reduccionista- que el uso de las nuevas tecnologías van a resolver todos los dilemas educativos que enfrentan en las aulas profesores y estudiantes.
jueves, 21 de enero de 2010
Uso de las tecnologías de la información y la comunicación en la experiencia educativa.
Es ineludible la incorporación de todos los pueblos -incluido México- al proceso de cambio tecnológico que, hoy por hoy, está experimentando el mundo. Todos los aspectos comunitarios y culturales, están siendo modificados drásticamente por la vorágine avasalladora del cambio tecnológico. La educación -evidentemente- no podría ser la excepción. Es necesario que aprovechemos de la mejor manera posible, todas las ventajas que la tecnología pone al alcance de muchos; y no digo de cualquiera, porque podría ser una inclusión excesiva. Sabemos que no sólo en nuestro país, sino también en gran parte de las economías estigmatizadas por un atraso ancestral, existen millones de personas que no han podido acceder a los beneficios “que derrama sobre justos e injustos” el cambio tecnológico. El riesgo que conllevan las asimetrías de desarrollo entre los países, es que se profundice todavía más, la brecha de dependencia tecnológica de las economías pobres, con respecto a las que han alcanzado elevados niveles de expansión. Es claro que los más atrasados -por lo menos en el futuro inmediato- estamos condenados a ser consumidores de bienes tecnológicos producidos por otros. En tal sentido, el escenario no es muy halagüeño que digamos. Por tanto, no podemos decir que el problema sea sólo educativo, de incorporación de tecnologías a los procesos formativos, de actitud y otras lindezas y el embrollo se termina. No, no es así. La cuestión es más delicada de lo que parece; por lo mismo, no debemos adoptar una posición reduccionista. El lío es más de fondo que de forma y transciende los límites de estas líneas. Respecto a la insinuación de que: “acaso la educación tradicional esté por desaparecer…” yo la veo a futuro, más bien, desempeñando su función en forma paralela e interactuando con otros experimentos instruccionales novedosos y modalidades emergidas de la diversificación tecnológica. Además, estoy convencido de su vigencia por mucho tiempo más todavía; porque el acto educativo, tal como lo concebimos hasta ahora, como una relación Maestro-Alumno, o a la inversa, es connatural y constitutivamente un contacto humano insustituible; en el que están implicadas de manera indefectible por lo menos dos dimensiones de relación entre personas: una cognitiva, que asegura de alguna manera la construcción y permanencia de saberes validados institucionalmente; y otra, de carácter moral, inherente a todo acto humano y que se origina en una concepción de lo que es bueno y deseable para la mayoría. La función educativa, tal como la entendemos hoy en día, no puede disociarse de las certezas y bondades de las que la hemos investido en el imaginario social a través de la historia; y a las que consideramos éticamente indispensables, porque han dado resultados en la formación de muchas generaciones; y nos hace pensar, por lo mismo, que no sería sensato suplantarlas por la tecnología exclusivamente. ¡Quién sabe que irá a suceder el día en que sólo las máquinas eduquen al hombre! En virtud de lo dicho, no imagino aún a los procesos formativos del futuro signados exclusivamente por la relación Hombre-Máquina. Aunque no sería prudente descartar a priori cualquier posibilidad de cambio.
La comunicación hoy.
Hay aspectos interesantes en tus conclusiones con los cuales estoy de acuerdo. Uno de ellos es el que hace referencia a que "establecen sus propios códigos en grupos pequeños..." Considero yo que buscan formas de relación y comunicación distintas, porque se ven ante el imperativo de afianzar su identidad ante un mundo adulto del que con frecuencia se sienten rechazados, o simplemente con el que no se identifican. Aunque creo que esta es una etapa transitoria las más de las veces. Por lo regular el conflicto concluye -afortunadamente- una vez que se resuelven estos desencuentros, cuando se incorpora de manera plena a la dinámica del contexto en el que concreta sus intercambios vitales. Otro punto que es necesario comentar, pero que también tiene relación con el primero, es en el que expresas: "se entienden de manera divertida y amena, también afectan las normas gramaticales y deforman..." En tal sentido, es necesario recordar que todos los hablantes de una lengua determinada (en este caso el Español) tenemos la obligación lingüística, la responsabilidad cultural -diría yo- de velar por su integridad. Lamento -al igual que tú- ciertas variaciones de la lengua que son un franco atentado contra su perfil estético; porque tienden a deformarla, pasando por alto los criterios de la corrección idiomática.
No hay que olvidar jamás que nuestra lengua es un legado cultural transgeneracional de gran valor; y por lo mismo, debemos salvaguardar su belleza y sus prescripciones normativas a costa de lo que sea. Es más, como profesores ese compromiso es mayor todavía. Soy partidario también, de que el idioma es un instrumento que está a nuestra disposición y que tenemos el privilegio de usarlo y explorar en sentidos multidireccionales sus posibilidades expresivas y comunicativas; pero no vulnerándolo ni atentando contra su pureza.
No hay que olvidar jamás que nuestra lengua es un legado cultural transgeneracional de gran valor; y por lo mismo, debemos salvaguardar su belleza y sus prescripciones normativas a costa de lo que sea. Es más, como profesores ese compromiso es mayor todavía. Soy partidario también, de que el idioma es un instrumento que está a nuestra disposición y que tenemos el privilegio de usarlo y explorar en sentidos multidireccionales sus posibilidades expresivas y comunicativas; pero no vulnerándolo ni atentando contra su pureza.
¿Quiénes son nuestros estudiantes?
Primero hay que aclarar que como dice el refrán popular: "Viejos los cerros y todavía reverdecen..." Te diré que a pesar de tu pesimismo manifiesto -que a mí no me parece tal- en virtud de que todos tenemos momentos de reflexión en ese sentido, son correctas tus apreciaciones en relación con los jóvenes. ¿Qué es lo que ha pasado con ellos? Yo lo atribuyo a diversos factores: La época en la que estamos viviendo, la crisis de valores a nivel social, la escasa contundencia del Estado para cumplir con su tarea, el fracaso de la familia en términos generales para continuar siendo la institución social en la que los hijos se formaban y se formaban bien; y en la que los padres solíamos ser el ejemplo a seguir, el paradigma que resultaba imitable para los hijos y las hijas. Esta situación evidencia el fracaso nuestro, como padres y madres de familia. No hemos sabido estar a la altura de las circunstancias. Por otro lado, la naturaleza de los cambios sociales y culturales ha terminado por rebasar no sólo a la escuela sino también a la familia tradicional que casi siempre era una garantía de formación y estabilidad para los que se criaban en ella. De esta situación de colapso generalizada que se percibe ya, surgen los nuevos retos para dos instituciones básicas que tienen que seguir desempeñando un papel central en la formación humana: la familia y la escuela. Hay qué seguir abonando para que la transformación se dé con la orientación deseable, en aras de una juventud más consciente y con sentido de responsabilidad. Ese debe de ser nuestro compromiso. De manera que tenemos que cambiar el planteamiento de la interrogante inicial: ¿Qué es lo que ha pasado con los jóvenes? Yo más bien diría: ¿Qué ha pasado con la función del Estado? ¿Qué ha sucedido con los padres de familia? ¿Qué le ha sucedido a la escuela y a las demás instituciones sociales que se han visto rebasadas -y con mucho- por las circunstancias actuales? Somos todos nosotros quienes no hemos tenido la estatura suficiente de ser espacios y personas confiables para la niñez y la juventud de nuestro tiempo.
Así enseño.
Para dar una clase o iniciar un tema, además de la revisión de los materiales y temas -anterior al proceso pedagógico propiamente dicho- generalmente, parto de alguna actividad breve, que tenga que ver con el reconocimiento de los saberes que los estudiantes traen sobre el tema a tratar. Después de esto, continúo con alguna actividad motivante, que desencadene el interés y active sus conocimientos previos para relacionarlos con el tema en cuestión. Esta activación es un factor propulsor de gran importancia, porque sólo así le va encontrar sentido al contenido que se pretende enseñar. Posteriormente en la fase de desarrollo, procuro plantear actividades que tengan que ver con situaciones problemáticas o con vivencias propias de su entorno y que formen parte de la cotidianidad para que las relacione con su inmediatez. Cuando selecciono correctamente las actividades correspondientes a la fase inicial -de la clase, del tema o de la secuencia- se generan motivos importantes que someten a prueba los conocimientos y la imaginación del educando dándole un plus a su participación. Esta parte del tema, suele ser la más extensa. Todas las actividades se centran en “el hacer del alumno”, procurando -como ya dije- que sean significativas para ellos; o por lo menos, que tengan el potencial suficiente para inducirlos a participar e involucrarse. También desde un principio del proceso inicio la observación de las conductas y las respuestas de ellos ante las situaciones de aprendizaje planteadas. La observación permanente, me permite conocer con objetividad el grado de participación, la calidad de los intercambios y en forma parcial, los aprendizajes alcanzados. Ya en la fase de cierre o de conclusión de la clase, propongo actividades orientadas a la recopilación de información, expresadas en productos o evidencias que me proporcionen información confiable sobre la cantidad y calidad de lo que aprendieron realmente los alumnos. Además hago lo necesario para evaluar -aunque sea en forma parcial- los logros del proceso. Utilizo para esto la autoevaluación y la coevaluación. Lo importante es tener por lo menos una idea aproximada de los aprendizajes concretados en cada sesión de clase. Ya al concluir el tema o la secuencia didáctica, pongo en práctica los mecanismos e instrumentos que el modelo educativo establece para tal efecto. Por otro lado, es necesario que admita con franqueza que no soy muy dogmático en esto de la cuestión metodológica. Por lo regular no acostumbro ser “muy cuadrado o esquemático”. Esto es en parte, para que los alumnos no perciban el proceso como algo rígido o inflexible… y por lo mismo reiterativo y cansado. No soy un profesor que llegue a clase diciendo: “Jóvenes vamos a iniciar ahora la fase de desarrollo de la secuencia tal…” Yo creo que junto a la observancia de ciertos cánones de la didáctica, siempre son deseables y bien recibidas algunas dosis de espontaneidad. Cuando somos muy unilineales, aunque sigamos estrictamente los pasos de una secuencia o de un plan de clase, los alumnos terminan por exclamar: ¡Uh otra vez lo mismo! Admitiré también que no siempre alcanzo los resultados que espero. Es más, hay ocasiones en las que con algunos grupos, los resultados son entre regulares y malos. Esto a pesar de que hago lo posible por imprimir dinamismo a la clase y propiciar la participación de los estudiantes.
Megatendencias y reformas educativas
Las sociedades en el mundo actual, están experimentando cambios acelerados. La educación como parte integral de las mismas, no podría ser ajena a este proceso evolutivo. Gran parte de estas transformaciones, están siendo propiciadas básicamente por el boom tecnológico de las últimas décadas; lo que ha originado el surgimiento de megatendencias o corrientes de pensamiento y acción que buscan responder eficazmente a los retos a que se enfrentan la cultura en general y la escuela en particular, como institución de formación de personas y de construcción de saberes. Dichas tendencias son:
a) El avance acelerado de la tecnología y su influencia en la vida diaria.
b) Globalización del mercado y la educación.
c) Comunicación en el ámbito mundial.
d) Superespecialización de saberes y funciones.
e) Prioridad de valores materiales sobre los humanos.
f) Ecologismo: vuelta a la naturaleza.
g) Las megatendencias marcadas por la UNESCO.
Durante mucho tiempo, las escuelas fueron consideradas como espacios cerrados en donde lo que hacía en ellas, parecía que a nadie le importaba. Tenían hasta cierto punto un carácter críptico y no interesaba mucho si lo que se hacía entre sus muros correspondía o no con la realidad exterior; es decir, con el contexto del cual eran parte integral. Pero “los cambios permanentes rompieron la estabilidad de los sistemas educativos”[1] y en tan gran proporción, que las escuelas y los sistemas educativos, se han visto en la necesidad de reformarse para adecuarse de la forma más conveniente posible a los requerimientos de los niños y los jóvenes y a las exigencias de los escenarios cambiantes del mundo de hoy. Las respuestas a estas tendencias, “las encontramos en la familia y en los centros educativos, donde se configurará en buena medida la educación del futuro”.[2] Para construir propuestas viables, el punto de partida debe ser la identificación de la situación real que se vive en gran parte de las escuelas; y en admitir además, el desfase existente entre lo que la escuela hace y lo que exigen los cambios en el mundo de la postmodernidad. El primer trabajo de análisis, consiste en darnos cuenta que “existen modelos educativos desgastados en la familia y en la escuela que no responden a las necesidades actuales y futuras.”[3] Esto significa que los roles que habían desempeñado en la educación la familia y la escuela ya no responden a los perfiles, rasgos y necesidades del ciudadano. Por lo que se avizora de un tiempo para acá la urgencia de “un sistema de educación que sea anticipador y participativo.”[4] Esta emergencia trastoca en buena medida las funciones
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de las instituciones mencionadas, que habían desempeñado su esfuerzo educador con buenos resultados, durante un tiempo más o menos prolongado.
Las tendencias actuales en educación, ya no ven sólo la inmediatez, sino también a los imperativos que el futuro plantea. El presente ha evidenciado que la capacidad de respuesta de la escuela se ha visto rebasada; que nuestras posibilidades de respuesta pronta y de formulación de propuestas y soluciones no han sido las más oportunas ni las más pertinentes. La incorporación de las nuevas tecnologías en todos los procesos ha impelido al reenfocamiento de lo que la escuela persigue. Por ello, “en cuanto a los objetivos, éstos se centran en el desarrollo de competencias, ya no en la acumulación se saberes cognitivos.”[5] En el actual estado de cosas, la pretensión de la educación, es capacitar al alumno para hacer frente a una realidad social, que en general está experimentado cambios permanentes y cada vez más vertiginosos. Los saberes estáticos que antes alentaba la formación tradicional, son ahora de poca utilidad en virtud de su escasa permanencia en el tiempo. Así, la capacidad de resolver problemas, de establecer asociaciones y relaciones entre las cosas y los fenómenos, la habilidad de construir respuestas rápidas, de manejar información, se consideran recursos más idóneos para enfrentar el dinamismo de la realidad social y del mundo del trabajo. A estas destrezas, técnicamente se les ha denominado competencias. Se busca pues, que los alumnos sean competentes. La UNESCO afirma que “la finalidad de la educación debe ser no sólo formar jóvenes con miras a un oficio determinado, sino sobre todo a capacitarlos para que puedan adaptarse a tareas diferentes y perfeccionarse sin cesar…”[6] Estas circunstancias inéditas y escenarios impensables hasta hace poco, han iniciado una revolución al interior de los sistemas educativos en todas las sociedades, modificando de raíz las tareas que habían venido desempeñando profesores y estudiantes, en donde los primeros jugaban el papel central. Los estudiantes recibían y memorizaban saberes ya hechos, procesados de antemano por el maestro. La situación ha cambiado. “Hoy en día, el protagonista del proceso educativo es el educando, y el educador ha pasado a ser facilitador…”[7] Urge que la escuela asuma como propio este alud de transformaciones, que la sitúan en la posición incómoda de revisar -y en su caso cambiar- los supuestos merced a los cuales había venido funcionando. De entrada, ha admitido ya, la urgencia de reorientar el sentido de su quehacer. Esto demuestra que “existe un interés por lograr una integración de campos de conocimiento y experiencia que faciliten una comprensión más reflexiva y crítica de la realidad.”[8] Profesores y escuelas, asumiremos a plenitud el compromiso -ético y generacional- que emerge de la redefinición de la naturaleza de nuestro quehacer. Sólo desde esta perspectiva, atenderemos en su justa dimensión, la proporción descomunal de los cambios que estamos obligados a operar en el terreno de la responsabilidad social de educar.
[1] Chavarría Olarte, Marcela. Megatendencias de la educación frente al tercer milenio.
[2] Castillo Gerardo. La educación del futuro. Pamplona. 1991. p.16.
[3] Chavarría Olarte, Marcela. Op. Cit.
[4] Malcom A. Tendencias y perspectivas de la educación. Madrid. 1988. Pp. 48-49.
[5] Chavarría Olarte Marcela. Op. Cit.
[6] UNESCO. Informe mundial sobre la educación. 1998. P.p. 93-94.
[7] Chavarría. Op. Cit.
[8] Torres Santomé Jurio. Globalización e interdisciplinariedad. Morata. Madrid. 1996. P.p. 30-31
a) El avance acelerado de la tecnología y su influencia en la vida diaria.
b) Globalización del mercado y la educación.
c) Comunicación en el ámbito mundial.
d) Superespecialización de saberes y funciones.
e) Prioridad de valores materiales sobre los humanos.
f) Ecologismo: vuelta a la naturaleza.
g) Las megatendencias marcadas por la UNESCO.
Durante mucho tiempo, las escuelas fueron consideradas como espacios cerrados en donde lo que hacía en ellas, parecía que a nadie le importaba. Tenían hasta cierto punto un carácter críptico y no interesaba mucho si lo que se hacía entre sus muros correspondía o no con la realidad exterior; es decir, con el contexto del cual eran parte integral. Pero “los cambios permanentes rompieron la estabilidad de los sistemas educativos”[1] y en tan gran proporción, que las escuelas y los sistemas educativos, se han visto en la necesidad de reformarse para adecuarse de la forma más conveniente posible a los requerimientos de los niños y los jóvenes y a las exigencias de los escenarios cambiantes del mundo de hoy. Las respuestas a estas tendencias, “las encontramos en la familia y en los centros educativos, donde se configurará en buena medida la educación del futuro”.[2] Para construir propuestas viables, el punto de partida debe ser la identificación de la situación real que se vive en gran parte de las escuelas; y en admitir además, el desfase existente entre lo que la escuela hace y lo que exigen los cambios en el mundo de la postmodernidad. El primer trabajo de análisis, consiste en darnos cuenta que “existen modelos educativos desgastados en la familia y en la escuela que no responden a las necesidades actuales y futuras.”[3] Esto significa que los roles que habían desempeñado en la educación la familia y la escuela ya no responden a los perfiles, rasgos y necesidades del ciudadano. Por lo que se avizora de un tiempo para acá la urgencia de “un sistema de educación que sea anticipador y participativo.”[4] Esta emergencia trastoca en buena medida las funciones
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de las instituciones mencionadas, que habían desempeñado su esfuerzo educador con buenos resultados, durante un tiempo más o menos prolongado.
Las tendencias actuales en educación, ya no ven sólo la inmediatez, sino también a los imperativos que el futuro plantea. El presente ha evidenciado que la capacidad de respuesta de la escuela se ha visto rebasada; que nuestras posibilidades de respuesta pronta y de formulación de propuestas y soluciones no han sido las más oportunas ni las más pertinentes. La incorporación de las nuevas tecnologías en todos los procesos ha impelido al reenfocamiento de lo que la escuela persigue. Por ello, “en cuanto a los objetivos, éstos se centran en el desarrollo de competencias, ya no en la acumulación se saberes cognitivos.”[5] En el actual estado de cosas, la pretensión de la educación, es capacitar al alumno para hacer frente a una realidad social, que en general está experimentado cambios permanentes y cada vez más vertiginosos. Los saberes estáticos que antes alentaba la formación tradicional, son ahora de poca utilidad en virtud de su escasa permanencia en el tiempo. Así, la capacidad de resolver problemas, de establecer asociaciones y relaciones entre las cosas y los fenómenos, la habilidad de construir respuestas rápidas, de manejar información, se consideran recursos más idóneos para enfrentar el dinamismo de la realidad social y del mundo del trabajo. A estas destrezas, técnicamente se les ha denominado competencias. Se busca pues, que los alumnos sean competentes. La UNESCO afirma que “la finalidad de la educación debe ser no sólo formar jóvenes con miras a un oficio determinado, sino sobre todo a capacitarlos para que puedan adaptarse a tareas diferentes y perfeccionarse sin cesar…”[6] Estas circunstancias inéditas y escenarios impensables hasta hace poco, han iniciado una revolución al interior de los sistemas educativos en todas las sociedades, modificando de raíz las tareas que habían venido desempeñando profesores y estudiantes, en donde los primeros jugaban el papel central. Los estudiantes recibían y memorizaban saberes ya hechos, procesados de antemano por el maestro. La situación ha cambiado. “Hoy en día, el protagonista del proceso educativo es el educando, y el educador ha pasado a ser facilitador…”[7] Urge que la escuela asuma como propio este alud de transformaciones, que la sitúan en la posición incómoda de revisar -y en su caso cambiar- los supuestos merced a los cuales había venido funcionando. De entrada, ha admitido ya, la urgencia de reorientar el sentido de su quehacer. Esto demuestra que “existe un interés por lograr una integración de campos de conocimiento y experiencia que faciliten una comprensión más reflexiva y crítica de la realidad.”[8] Profesores y escuelas, asumiremos a plenitud el compromiso -ético y generacional- que emerge de la redefinición de la naturaleza de nuestro quehacer. Sólo desde esta perspectiva, atenderemos en su justa dimensión, la proporción descomunal de los cambios que estamos obligados a operar en el terreno de la responsabilidad social de educar.
[1] Chavarría Olarte, Marcela. Megatendencias de la educación frente al tercer milenio.
[2] Castillo Gerardo. La educación del futuro. Pamplona. 1991. p.16.
[3] Chavarría Olarte, Marcela. Op. Cit.
[4] Malcom A. Tendencias y perspectivas de la educación. Madrid. 1988. Pp. 48-49.
[5] Chavarría Olarte Marcela. Op. Cit.
[6] UNESCO. Informe mundial sobre la educación. 1998. P.p. 93-94.
[7] Chavarría. Op. Cit.
[8] Torres Santomé Jurio. Globalización e interdisciplinariedad. Morata. Madrid. 1996. P.p. 30-31
Comentarios a la práctica docente
Compañera Zavala:
Esquematiza Usted en forma precisa los pasos que hay que considerar para planear y desarrollar una unidad didáctica. Le contaré algunos de los problemas que yo he enfrentado en la práctica al seguir "a pie juntillas" el proceso: el primero de ellos es el factor tiempo, que por lo regular no es suficiente dada la extensión de los programas. Yo me he visto en la necesidad de obviar alguna parte para potencializar los resultados en otra. Generalmente le concedo poco tiempo a la fase de apertura, prefiero cedérselo al desarrollo. Hay quienes han dicho: bueno es que para eso está la correlación de contenidos, como si esto fuera el remedio definitivo para la escasez de tiempo. Respecto a este punto, me he dado cuenta que en muchas ocasiones la correlación, es un elemento que incide en la elevación del índice de reprobación. Por ello, el tratar los temas por separado, no tiene porque ser un "pecado metodológico". A veces los estudiantes con un sólo tema, tienen dificultades para asimilarlo y comprenderlo bien; tratando dos o tres temas simultáneamente para "ganar tiempo", genera más confusión y disminuyen los aprendizajes. Aunque no dejo de reconocer que en contenidos que son muy afines puede dar buenos resultados. Es cuestión de seguir experimentando, ensayar nuevas fórmulas, respetando las metodologías indicadas.
Un saludo para todos los compañeros.
Compañero de la Blanca Mérida:
Comparto plenamente su punto de vista en relación con el hecho de que el trabajo en equipo les gusta a los estudiantes. Eso es algo que debemos aprovechar. La actividad colectiva suele ser un factor motivante o desencadenante de los aprendizajes, y tenemos que ejercitar -mediante esta oportunidad- el carácter lúdico y divertido que puede haber en la actividad de aprender. El aprendizaje no tiene porqué ser aburrido, ni los alumnos tienen porqué experimentarlo como una imposición ideológica externa por parte de los facilitadores. Tienen qué vivenciarlo como algo que ellos mismos tienen la capacidad de descubrir. Y esto desde luego, no deja de ser divertido, porque despierta la curiosidad y acrecenta el interés. Cuando esto sucede no sólo individualmente, sino también a través del trabajo en equipo, están dadas las condiciones para que los aprendizajes se construyan y se fortalezca al mismo tiempo el sentimiento de comunidad, de pertenencia al grupo. Buen trabajo compañero.
Esquematiza Usted en forma precisa los pasos que hay que considerar para planear y desarrollar una unidad didáctica. Le contaré algunos de los problemas que yo he enfrentado en la práctica al seguir "a pie juntillas" el proceso: el primero de ellos es el factor tiempo, que por lo regular no es suficiente dada la extensión de los programas. Yo me he visto en la necesidad de obviar alguna parte para potencializar los resultados en otra. Generalmente le concedo poco tiempo a la fase de apertura, prefiero cedérselo al desarrollo. Hay quienes han dicho: bueno es que para eso está la correlación de contenidos, como si esto fuera el remedio definitivo para la escasez de tiempo. Respecto a este punto, me he dado cuenta que en muchas ocasiones la correlación, es un elemento que incide en la elevación del índice de reprobación. Por ello, el tratar los temas por separado, no tiene porque ser un "pecado metodológico". A veces los estudiantes con un sólo tema, tienen dificultades para asimilarlo y comprenderlo bien; tratando dos o tres temas simultáneamente para "ganar tiempo", genera más confusión y disminuyen los aprendizajes. Aunque no dejo de reconocer que en contenidos que son muy afines puede dar buenos resultados. Es cuestión de seguir experimentando, ensayar nuevas fórmulas, respetando las metodologías indicadas.
Un saludo para todos los compañeros.
Compañero de la Blanca Mérida:
Comparto plenamente su punto de vista en relación con el hecho de que el trabajo en equipo les gusta a los estudiantes. Eso es algo que debemos aprovechar. La actividad colectiva suele ser un factor motivante o desencadenante de los aprendizajes, y tenemos que ejercitar -mediante esta oportunidad- el carácter lúdico y divertido que puede haber en la actividad de aprender. El aprendizaje no tiene porqué ser aburrido, ni los alumnos tienen porqué experimentarlo como una imposición ideológica externa por parte de los facilitadores. Tienen qué vivenciarlo como algo que ellos mismos tienen la capacidad de descubrir. Y esto desde luego, no deja de ser divertido, porque despierta la curiosidad y acrecenta el interés. Cuando esto sucede no sólo individualmente, sino también a través del trabajo en equipo, están dadas las condiciones para que los aprendizajes se construyan y se fortalezca al mismo tiempo el sentimiento de comunidad, de pertenencia al grupo. Buen trabajo compañero.
Nuestra práctica y las competencias docentes
Luego de haber revisado el contenido de los documentos: Competencias que expresan el perfil del docente de la EMS y Diez nuevas competencias para enseñar, descubro un paralelismo que revela una correspondencia casi exacta entre las competencias que ambos plantean. Esto significa que estamos en sintonía con las visiones surgidas de contextos diferentes al nuestro. Sobre el hecho de que si las propuestas plasmadas en ellos, se concretan o no en nuestra práctica docente, diré que a estas alturas de iniciado el proceso de cambio, se observan ya, resultados dignos de tenerse en cuenta. Sin embargo, diré que debemos de ser muy realistas, pues la operatividad del modelo educativo basado en competencias, nos ha permitido visualizar problemas metodológicos que son propios de todo cambio radical; por lo menos en lo que a los procesos áulicos se refiere:
a) La resistencia de gran parte de los profesores, en virtud de que transformar la práctica, supone remover y sustituir los viejos esquemas pedagógicos basados en el verbalismo unilateral y la prescripción de hechos y saberes validados por el maestro y admitidos por el alumno como verdades inamovibles.
b) La resistencia de los estudiantes que tiene su origen en una cultura formativa proveniente de los niveles escolares anteriores en la que la relación pedagógica maestro-alumno, concedía escasa o ninguna importancia a la participación de los alumnos dentro del proceso. Esta situación marcó un precedente de roles que ha sido difícil revertir. Y ahora que los estudiantes se han visto precisados a exhibir otros estándares y modos de colaboración -de mayor significado y profundidad- se muestran renuentes a hacerlo.
Pudiera citar varios problemas de gran envergadura que hoy por hoy se han convertido en una rémora u obstáculo que ha impedido el salto paradigmático con la efectividad que todos hubiéramos querido. Pero no lo hago por razones de espacio, por lo que me he limitado a mencionar los referidos a los elementos centrales del proceso; es decir, profesores y estudiantes. No obstante la presencia de estas dificultades mencionaré los avances que percibo en la cuestión de las competencias y su relación con los planteamientos expuestos en los documentos que hemos leído. La generalidad de los profesores nos hemos dado cuenta que en el enfoque que nos ocupa, ya no basta con enseñar y transmitir saberes ya hechos al alumno para que los memorice sino que él participe activamente en la construcción de su propio conocimiento. Sólo así es posible comprender y descubrir la relación de causa-efecto que subyace en ellos. Hemos advertido además, que lo verdaderamente importante en el acto educativo tiene que ver más con lo que hacen los estudiantes que con el protagonismo vano de nosotros los docentes. Hemos asimilado también, que nuestra función como facilitadores es proveer al alumno de las herramientas suficientes y de elevados niveles de desempeño; en forma tal, que les permitan incidir en su entorno sociocultural y económico. Hay que reconocer que en lo que respecta a las competencias hemos avanzado poco, pero firme. Se necesita afinar todavía más la parte metodológica, para ajustar con mayor precisión los mecanismos del modelo educativo. Aún existimos en las aulas más de un despistado rindiendo culto a Pinochet. Pero es sólo cuestión de tiempo. Llegará el día -no muy lejano por cierto- en que la propia dinámica de la educación basada en competencias y las exigencias del mundo del trabajo, terminen por incorporarnos a todos, incluso a los más escépticos.
a) La resistencia de gran parte de los profesores, en virtud de que transformar la práctica, supone remover y sustituir los viejos esquemas pedagógicos basados en el verbalismo unilateral y la prescripción de hechos y saberes validados por el maestro y admitidos por el alumno como verdades inamovibles.
b) La resistencia de los estudiantes que tiene su origen en una cultura formativa proveniente de los niveles escolares anteriores en la que la relación pedagógica maestro-alumno, concedía escasa o ninguna importancia a la participación de los alumnos dentro del proceso. Esta situación marcó un precedente de roles que ha sido difícil revertir. Y ahora que los estudiantes se han visto precisados a exhibir otros estándares y modos de colaboración -de mayor significado y profundidad- se muestran renuentes a hacerlo.
Pudiera citar varios problemas de gran envergadura que hoy por hoy se han convertido en una rémora u obstáculo que ha impedido el salto paradigmático con la efectividad que todos hubiéramos querido. Pero no lo hago por razones de espacio, por lo que me he limitado a mencionar los referidos a los elementos centrales del proceso; es decir, profesores y estudiantes. No obstante la presencia de estas dificultades mencionaré los avances que percibo en la cuestión de las competencias y su relación con los planteamientos expuestos en los documentos que hemos leído. La generalidad de los profesores nos hemos dado cuenta que en el enfoque que nos ocupa, ya no basta con enseñar y transmitir saberes ya hechos al alumno para que los memorice sino que él participe activamente en la construcción de su propio conocimiento. Sólo así es posible comprender y descubrir la relación de causa-efecto que subyace en ellos. Hemos advertido además, que lo verdaderamente importante en el acto educativo tiene que ver más con lo que hacen los estudiantes que con el protagonismo vano de nosotros los docentes. Hemos asimilado también, que nuestra función como facilitadores es proveer al alumno de las herramientas suficientes y de elevados niveles de desempeño; en forma tal, que les permitan incidir en su entorno sociocultural y económico. Hay que reconocer que en lo que respecta a las competencias hemos avanzado poco, pero firme. Se necesita afinar todavía más la parte metodológica, para ajustar con mayor precisión los mecanismos del modelo educativo. Aún existimos en las aulas más de un despistado rindiendo culto a Pinochet. Pero es sólo cuestión de tiempo. Llegará el día -no muy lejano por cierto- en que la propia dinámica de la educación basada en competencias y las exigencias del mundo del trabajo, terminen por incorporarnos a todos, incluso a los más escépticos.
Transformaciones de la práctica docente
ACADÉMICAS:
a) Reestructuración del marco teórico que había venido sirviendo de base para la realización de su práctica docente.
b) Identificar sus deficiencias para subsanarlas mediante la incorporación de saberes que le permitan alcanzar los niveles de desempeño exigidos por el Modelo Educativo.
c) Actualizarse permanentemente para obtener mayor dominio teórico-práctico de los contenidos, materias, asignaturas y módulos o submódulos que están bajo su responsabilidad.
d) Hacer de la lectura una actividad cotidiana que le permita acceder a un número de saberes cada vez mayor; no sólo en los contenidos que corresponden a su perfil, sino también, de elementos de cultura general que fortalezcan sus competencias como educador; para responder mejor a los requerimientos formativos de los alumnos.
METODOLÓGICAS:
a) Modificar las metodologías empleadas para sustituir aquéllas que no correspondan con la visión del enfoque de la educación por competencias.
b) Ensayar en forma permanente procedimientos nuevos para trabajar los contenidos de aprendizaje diversificando el abanico de posibilidades metodológicas; de tal modo que se favorezca la adquisición del conocimiento y de destrezas específicas.
c) Emplear con la mayor frecuencia posible las nuevas tecnologías en los procesos de aprendizaje de los alumnos.
d) Proponer dentro de las aulas, laboratorios o talleres formas de organización del trabajo en las que el alumno sea el elemento central; es decir, el que realiza, explora, consulta, organiza, maneja información y sugiere procedimientos.
ÉTICAS:
a) Asumir con la mayor responsabilidad posible su rol de facilitador.
b) Alcanzar índices de integración como persona humana, que le permitan ser congruente con las competencias, habilidades, rasgos, disposiciones y valores que pretende desarrollar en los estudiantes.
c) Optimizar la relación afectiva con los alumnos, a efectos de que se genere un clima propicio para los aprendizajes, como también del mejoramiento de la autoestima y la dignidad de todos los participantes.
d) Verse a sí mismo como algo inacabado en el ejercicio de su labor para que pueda replantearse permanentemente la necesidad de seguir preparándose.
e) Alentar en sus estudiantes el deseo de ser mejores.
a) Reestructuración del marco teórico que había venido sirviendo de base para la realización de su práctica docente.
b) Identificar sus deficiencias para subsanarlas mediante la incorporación de saberes que le permitan alcanzar los niveles de desempeño exigidos por el Modelo Educativo.
c) Actualizarse permanentemente para obtener mayor dominio teórico-práctico de los contenidos, materias, asignaturas y módulos o submódulos que están bajo su responsabilidad.
d) Hacer de la lectura una actividad cotidiana que le permita acceder a un número de saberes cada vez mayor; no sólo en los contenidos que corresponden a su perfil, sino también, de elementos de cultura general que fortalezcan sus competencias como educador; para responder mejor a los requerimientos formativos de los alumnos.
METODOLÓGICAS:
a) Modificar las metodologías empleadas para sustituir aquéllas que no correspondan con la visión del enfoque de la educación por competencias.
b) Ensayar en forma permanente procedimientos nuevos para trabajar los contenidos de aprendizaje diversificando el abanico de posibilidades metodológicas; de tal modo que se favorezca la adquisición del conocimiento y de destrezas específicas.
c) Emplear con la mayor frecuencia posible las nuevas tecnologías en los procesos de aprendizaje de los alumnos.
d) Proponer dentro de las aulas, laboratorios o talleres formas de organización del trabajo en las que el alumno sea el elemento central; es decir, el que realiza, explora, consulta, organiza, maneja información y sugiere procedimientos.
ÉTICAS:
a) Asumir con la mayor responsabilidad posible su rol de facilitador.
b) Alcanzar índices de integración como persona humana, que le permitan ser congruente con las competencias, habilidades, rasgos, disposiciones y valores que pretende desarrollar en los estudiantes.
c) Optimizar la relación afectiva con los alumnos, a efectos de que se genere un clima propicio para los aprendizajes, como también del mejoramiento de la autoestima y la dignidad de todos los participantes.
d) Verse a sí mismo como algo inacabado en el ejercicio de su labor para que pueda replantearse permanentemente la necesidad de seguir preparándose.
e) Alentar en sus estudiantes el deseo de ser mejores.
Comparando modelos (proyecto Tunnig)
1. ¿Qué significa el término competencias? Representa una combinación de atributos con respecto al conocimiento y sus aplicaciones, aptitudes, destrezas y responsabilidades que describen el nivel o grado de suficiencia con que una persona es capaz de desempeñarlas.
2. ¿Para qué sirve una formación basada en competencias? Para la adquisición de saberes teóricos y prácticos, aptitudes y destrezas que capacitan a estudiante para la realización de un proceso o parte de él.
3. ¿Qué aporta este planteamiento a la perspectiva de vida del estudiante? La posibilidad de integrarse en el corto plazo al mundo de la productividad, desempeñando un proceso o una función con la eficacia requerida.
4. ¿Qué diferencias podemos percibir entre el planteamiento educativo anterior y el actual?
PLANTEAMIENTO EDUCATIVO ANTERIOR PLANTEAMIENTO EDUCATIVO ACTUAL
a) Es un proceso centrado en la enseñanza. a) Es un proceso centrado en el aprendizaje.
b) Privilegia la memorización. b) Privilegia la reflexión y el análisis.
c) El profesor desempeña el rol central. c) Está centrado en la actividad del alumno.
d) Verticalismo y autoritarismo. d) Participación activa e intercambios áulicos.
e) Programación por objetivos e) Utilización de la secuencia didáctica.
f) Papel pasivo del alumno en el proceso. f) El alumno desempeña un rol activo.
g) Concede importancia al examen escrito. g) Educación basada en competencias.
5. ¿Qué es el Tunning y por qué Tunning para América Latina? Es un proyecto que tiene como meta identificar e intercambiar información y mejorar la colaboración entre instituciones de la educación superior para el desarrollo de la calidad, la efectividad y la transparencia, además de contribuir al desarrollo de titulaciones desde los perfiles buscados para los egresados en forma articulada y en toda América Latina.
6. ¿Qué relaciones podemos percibir entre el proyecto TUNNING América Latina y la RIEMS?
a) La necesidad de compartir experiencias y avances que tiendan a la integración en educación superior.
b) Aprovechar los momentos de discusión que las instituciones de educación superior comparten con sus homólogos.
c) Alcanzar acuerdos académicos de grupos de países para identificar los problemas comunes y resolverlos, además de fortalecer el diálogo para favorecer la colaboración e intercambios.
2. ¿Para qué sirve una formación basada en competencias? Para la adquisición de saberes teóricos y prácticos, aptitudes y destrezas que capacitan a estudiante para la realización de un proceso o parte de él.
3. ¿Qué aporta este planteamiento a la perspectiva de vida del estudiante? La posibilidad de integrarse en el corto plazo al mundo de la productividad, desempeñando un proceso o una función con la eficacia requerida.
4. ¿Qué diferencias podemos percibir entre el planteamiento educativo anterior y el actual?
PLANTEAMIENTO EDUCATIVO ANTERIOR PLANTEAMIENTO EDUCATIVO ACTUAL
a) Es un proceso centrado en la enseñanza. a) Es un proceso centrado en el aprendizaje.
b) Privilegia la memorización. b) Privilegia la reflexión y el análisis.
c) El profesor desempeña el rol central. c) Está centrado en la actividad del alumno.
d) Verticalismo y autoritarismo. d) Participación activa e intercambios áulicos.
e) Programación por objetivos e) Utilización de la secuencia didáctica.
f) Papel pasivo del alumno en el proceso. f) El alumno desempeña un rol activo.
g) Concede importancia al examen escrito. g) Educación basada en competencias.
5. ¿Qué es el Tunning y por qué Tunning para América Latina? Es un proyecto que tiene como meta identificar e intercambiar información y mejorar la colaboración entre instituciones de la educación superior para el desarrollo de la calidad, la efectividad y la transparencia, además de contribuir al desarrollo de titulaciones desde los perfiles buscados para los egresados en forma articulada y en toda América Latina.
6. ¿Qué relaciones podemos percibir entre el proyecto TUNNING América Latina y la RIEMS?
a) La necesidad de compartir experiencias y avances que tiendan a la integración en educación superior.
b) Aprovechar los momentos de discusión que las instituciones de educación superior comparten con sus homólogos.
c) Alcanzar acuerdos académicos de grupos de países para identificar los problemas comunes y resolverlos, además de fortalecer el diálogo para favorecer la colaboración e intercambios.
Comentarios a la aventura de ser maestro.
El texto de Esteve me parece bueno, porque refleja gran parte de los problemas que tenemos en las escuelas, pero también las distintas etapas por las que hemos pasado a lo largo de nuestra historia laboral. A mí me llamó especialmente la atención la cuestión de la formación de nuestra identidad como profesores. Si la formación de la propia identidad como personas pasa por un sinnúmero de tropiezos y retrocesos -aún en la edad adulta- para que podamos observar niveles de integración deseables; es claro que la conformación de la identidad profesional -aunque no sea en el mismo sentido- presenta dificultades semejantes. Esto lo digo, porque considero que no se reduce solamente a la adaptación mecánica e irreflexiva a un rol socialmente establecido, sino a que asumamos en todos los sentidos las consecuencias del ajuste a ese rol.
Comentario 1.- Como en cualquier quehacer humano, en la docencia, la práctica suele definir su ritmo de avance; porque a través de ella nos damos cuenta de los aciertos y de los errores que cometemos. Y al observar con espíritu crítico el sentido de la misma, transformamos la manera en que hacemos las cosas. Entonces fortalecemos las que nos dieron buenos resultados -y modificamos o eliminamos- aquéllas que no funcionaron.
Comentario 2. A través de una perspectiva adecuada el ejercicio de la docencia, será una experiencia en la que podamos crecer de forma permanente; es cuestión de implicarse y entender que los resultados no siempre aparecen en forma inmediata.
Comentario 3. Ser docente es, muchas veces, un sorbo agridulce; sobre todo los primeros años de trabajo que es cuando se presentan dudas de tipo vocacional y experimentamos temores. Pero terminamos por superar esta etapa. Nos identificamos con el rol y la parte constructiva tarde o temprano hace su aparición. Pero es necesario aclarar que los problemas –sobre todo los de tipo pedagógico- nunca dejan de existir. Se es profesor para resolver problemas intentando educar a otros... aunque esto significa también que al educar o instruir a los demás nos reeducamos y reinstruimos nosotros mismos simultáneamente.
Comentario 4. Para que la escuela efectivamente devenga en un sitio adonde vamos a aprender, es necesario estar abiertos a esta posibilidad y ser receptivos, amar lo que hacemos, admitir que si actuamos y tomamos decisiones estamos expuestos a equivocarnos. Hay que admitirlo con sinceridad y corregir. Los beneficiarios inmediatos serán los alumnos.
10
Comentario 5. Si la educación no humanizara e hiciera mejor a la gente, entonces no tendría ningún sentido ni razón de ser. Educar es humanizar, P. Freire insistió mucho en esta cuestión.
Comentario 6. Si no descubrimos el carácter lúdico en el ejercicio de enseñar o de crear las condiciones para que otros aprendan, el contacto con los alumnos termina por resultar un martirio. En este sentido, hay que revisar de manera permanente el manejo de nuestras emociones para darnos cuenta de los niveles de placer o goce legítimo que experimentamos en ello. Así sabremos en qué dirección reorientar la brújula.
Comentario 7. La cuestión de la identidad profesional me parece bastante importante, porque de ella va a depender la forma en que nos desenvolvamos en la práctica docente. A este respecto quiero señalar que considero que no es algo que podamos configurar en un espacio de tiempo determinado o a merced de determinadas experiencias extraídas como si fuesen recetas Pero tampoco es algo estático que una vez que -según nosotros- la hayamos alcanzado permanezca estática, sin experimentar en los sucesivo transformación alguna. La identidad profesional es como la realidad misma en su sentido más pleno y universal: sujeta a variaciones permanentes. Si somos conscientes de estos cambios, podremos encauzarlos y evolucionar profesionalmente de manera más rápida y hacer mejor nuestro trabajo.
Comentario 8. El principal problema que me he encontrado en la práctica de la enseñanza es cómo interesar a los alumnos en los contenidos de aprendizaje. Los contenidos de los programas pocas veces responden a los intereses y necesidades reales de los estudiantes. Porque los contenidos están pensados desde otra lógica; desde el poder, desde un paradigma de sujeto social, desde una determinada concepción del hombre y de su función en la estructura del Estado, desde las necesidades del mundo de la productividad, desde los fines políticos de quienes ejercen el poder etc. Así las cosas, Motivar a los alumnos en lo que deben aprender se transforma en un reto de enormes proporciones, pues esos contenidos terminaremos arrojándolos sobre sus mentes y conciencias, cual saetas de “violencia simbólica”, en el sentido en que lo dijera Pierre Bourdieu, sin que esto tenga qué ver con lo que ellos desean.
Comentario 1.- Como en cualquier quehacer humano, en la docencia, la práctica suele definir su ritmo de avance; porque a través de ella nos damos cuenta de los aciertos y de los errores que cometemos. Y al observar con espíritu crítico el sentido de la misma, transformamos la manera en que hacemos las cosas. Entonces fortalecemos las que nos dieron buenos resultados -y modificamos o eliminamos- aquéllas que no funcionaron.
Comentario 2. A través de una perspectiva adecuada el ejercicio de la docencia, será una experiencia en la que podamos crecer de forma permanente; es cuestión de implicarse y entender que los resultados no siempre aparecen en forma inmediata.
Comentario 3. Ser docente es, muchas veces, un sorbo agridulce; sobre todo los primeros años de trabajo que es cuando se presentan dudas de tipo vocacional y experimentamos temores. Pero terminamos por superar esta etapa. Nos identificamos con el rol y la parte constructiva tarde o temprano hace su aparición. Pero es necesario aclarar que los problemas –sobre todo los de tipo pedagógico- nunca dejan de existir. Se es profesor para resolver problemas intentando educar a otros... aunque esto significa también que al educar o instruir a los demás nos reeducamos y reinstruimos nosotros mismos simultáneamente.
Comentario 4. Para que la escuela efectivamente devenga en un sitio adonde vamos a aprender, es necesario estar abiertos a esta posibilidad y ser receptivos, amar lo que hacemos, admitir que si actuamos y tomamos decisiones estamos expuestos a equivocarnos. Hay que admitirlo con sinceridad y corregir. Los beneficiarios inmediatos serán los alumnos.
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Comentario 5. Si la educación no humanizara e hiciera mejor a la gente, entonces no tendría ningún sentido ni razón de ser. Educar es humanizar, P. Freire insistió mucho en esta cuestión.
Comentario 6. Si no descubrimos el carácter lúdico en el ejercicio de enseñar o de crear las condiciones para que otros aprendan, el contacto con los alumnos termina por resultar un martirio. En este sentido, hay que revisar de manera permanente el manejo de nuestras emociones para darnos cuenta de los niveles de placer o goce legítimo que experimentamos en ello. Así sabremos en qué dirección reorientar la brújula.
Comentario 7. La cuestión de la identidad profesional me parece bastante importante, porque de ella va a depender la forma en que nos desenvolvamos en la práctica docente. A este respecto quiero señalar que considero que no es algo que podamos configurar en un espacio de tiempo determinado o a merced de determinadas experiencias extraídas como si fuesen recetas Pero tampoco es algo estático que una vez que -según nosotros- la hayamos alcanzado permanezca estática, sin experimentar en los sucesivo transformación alguna. La identidad profesional es como la realidad misma en su sentido más pleno y universal: sujeta a variaciones permanentes. Si somos conscientes de estos cambios, podremos encauzarlos y evolucionar profesionalmente de manera más rápida y hacer mejor nuestro trabajo.
Comentario 8. El principal problema que me he encontrado en la práctica de la enseñanza es cómo interesar a los alumnos en los contenidos de aprendizaje. Los contenidos de los programas pocas veces responden a los intereses y necesidades reales de los estudiantes. Porque los contenidos están pensados desde otra lógica; desde el poder, desde un paradigma de sujeto social, desde una determinada concepción del hombre y de su función en la estructura del Estado, desde las necesidades del mundo de la productividad, desde los fines políticos de quienes ejercen el poder etc. Así las cosas, Motivar a los alumnos en lo que deben aprender se transforma en un reto de enormes proporciones, pues esos contenidos terminaremos arrojándolos sobre sus mentes y conciencias, cual saetas de “violencia simbólica”, en el sentido en que lo dijera Pierre Bourdieu, sin que esto tenga qué ver con lo que ellos desean.
Cómo percibo mi docencia
Generalmente, llego al nivel operativo de una sesión de clase, como resultado de un proceso previo de planeación pedagógica, que comienza al inicio de cada semestre. En reuniones docentes, se determinan los lineamientos que habremos de seguir en el aula. Aunque cabe decir, que gran parte de lo que ahí sucede, se define de cuatro vertientes básicas:
a) Las características de la asignatura.
b) La naturaleza del contenido del programa.
c) El componente al que corresponde la asignatura.
d) Las metodologías establecidas para normar todo el proceso por el enfoque de la educación basada en competencias.
Además de todos estos aspectos -que siempre considero- el punto de partida para concretar el trabajo en clase, es formularme la pregunta:
¿En el contenido del programa de estudios de la asignatura X, qué habilidades deseo que los alumnos desarrollen y que actividades sería pertinente plantear para conseguir que así suceda?
Entonces me interrogo sobre cuáles son las metas que deseo alcanzar en términos de adquisición de saberes, a dónde quiero que lleguen mis alumnos, considerando las dimensiones de la evaluación, a saber: conceptuales, procedimentales y actitudinales. Ya iniciado el desarrollo de las clases, hago reajustes en las actividades planteadas en función de los imponderables que siempre se presentan y que a veces no es posible prever con exactitud desde el principio del curso. Me refiero básicamente al tiempo disponible y a las actividades planteadas adecuadas ya, a las características específicas de cada grupo. No todos los planteamientos pedagógicos dan resultado con todos los grupos. Cada grupo amerita un tratamiento especial.
Mi propósito principal al dar una sesión de clase es que los alumnos aprendan conceptos e ideas nuevas. Pero también que apliquen en el terreno de la práctica lo que hayan aprendido. Esto derivará -necesariamente- en una modificación y diversificación de actitudes, si por actitudes entendemos un cambio de conducta, entonces el aprendizaje ha ocurrido. Los conductistas afirmaban que cuando había aprendizajes, éstos se manifestaban en transformaciones conductuales. Por otro lado, es cierto que cuando el alumno aprende, se incrementan significativamente las posibilidades de adaptación y el control y manejo de situaciones nuevas en su contexto. Un día “normal” de trabajo con los alumnos, equivale a un día de “enfrentamiento” -en el buen sentido de la palabra- a conflictos irresueltos, como los niveles de interés o las bases cognitivas que los estudiantes poseen para abordar los temas con la eficacia requerida.
4
Pero también la práctica pedagógica de una sesión de clase, implica adentrarse en linderos inexplorados, aunque sea una asignatura que hayamos impartido ya en repetidas ocasiones. Los grupos nunca son iguales, siempre están signados por la diversidad, las condiciones institucionales varían permanentemente. En virtud de lo dicho, no hay nada estático que nos permita afirmar que vamos a dar un mismo curso de un año a otro. De modo que es necesario ser perceptivos a estos cambios, que nos obligan a actuar cada vez con mayores recursos pedagógicos para obtener lo resultados que buscamos. Un día normal de clases -aunque el concepto de normalidad sea discutible- significa también, el esfuerzo que se hace para dar solución a los conflictos que ya han sido identificados; o también, la necesidad de tipificar las situaciones surgidas de los rasgos e intereses de los estudiantes de las nuevas generaciones, que evidencian actitudes con elevados índices de dispersión. Esto nos lleva a la necesidad de estar mejor equipados en nuestras propuestas pedagógicas, cuando estamos en el aula o en cualquier otros espacio escolar que suponga la relación maestro-alumno. Es urgente trascender el desfase que se infiere entre estas situaciones, los recursos institucionales y las capacidades de los profesores para dar las respuestas apropiadas.
a) Las características de la asignatura.
b) La naturaleza del contenido del programa.
c) El componente al que corresponde la asignatura.
d) Las metodologías establecidas para normar todo el proceso por el enfoque de la educación basada en competencias.
Además de todos estos aspectos -que siempre considero- el punto de partida para concretar el trabajo en clase, es formularme la pregunta:
¿En el contenido del programa de estudios de la asignatura X, qué habilidades deseo que los alumnos desarrollen y que actividades sería pertinente plantear para conseguir que así suceda?
Entonces me interrogo sobre cuáles son las metas que deseo alcanzar en términos de adquisición de saberes, a dónde quiero que lleguen mis alumnos, considerando las dimensiones de la evaluación, a saber: conceptuales, procedimentales y actitudinales. Ya iniciado el desarrollo de las clases, hago reajustes en las actividades planteadas en función de los imponderables que siempre se presentan y que a veces no es posible prever con exactitud desde el principio del curso. Me refiero básicamente al tiempo disponible y a las actividades planteadas adecuadas ya, a las características específicas de cada grupo. No todos los planteamientos pedagógicos dan resultado con todos los grupos. Cada grupo amerita un tratamiento especial.
Mi propósito principal al dar una sesión de clase es que los alumnos aprendan conceptos e ideas nuevas. Pero también que apliquen en el terreno de la práctica lo que hayan aprendido. Esto derivará -necesariamente- en una modificación y diversificación de actitudes, si por actitudes entendemos un cambio de conducta, entonces el aprendizaje ha ocurrido. Los conductistas afirmaban que cuando había aprendizajes, éstos se manifestaban en transformaciones conductuales. Por otro lado, es cierto que cuando el alumno aprende, se incrementan significativamente las posibilidades de adaptación y el control y manejo de situaciones nuevas en su contexto. Un día “normal” de trabajo con los alumnos, equivale a un día de “enfrentamiento” -en el buen sentido de la palabra- a conflictos irresueltos, como los niveles de interés o las bases cognitivas que los estudiantes poseen para abordar los temas con la eficacia requerida.
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Pero también la práctica pedagógica de una sesión de clase, implica adentrarse en linderos inexplorados, aunque sea una asignatura que hayamos impartido ya en repetidas ocasiones. Los grupos nunca son iguales, siempre están signados por la diversidad, las condiciones institucionales varían permanentemente. En virtud de lo dicho, no hay nada estático que nos permita afirmar que vamos a dar un mismo curso de un año a otro. De modo que es necesario ser perceptivos a estos cambios, que nos obligan a actuar cada vez con mayores recursos pedagógicos para obtener lo resultados que buscamos. Un día normal de clases -aunque el concepto de normalidad sea discutible- significa también, el esfuerzo que se hace para dar solución a los conflictos que ya han sido identificados; o también, la necesidad de tipificar las situaciones surgidas de los rasgos e intereses de los estudiantes de las nuevas generaciones, que evidencian actitudes con elevados índices de dispersión. Esto nos lleva a la necesidad de estar mejor equipados en nuestras propuestas pedagógicas, cuando estamos en el aula o en cualquier otros espacio escolar que suponga la relación maestro-alumno. Es urgente trascender el desfase que se infiere entre estas situaciones, los recursos institucionales y las capacidades de los profesores para dar las respuestas apropiadas.
domingo, 17 de enero de 2010
El proceso didáctico como proceso de comunicación
En la experiencia de comunicarse son igualmente importantes los papeles que desempeñan en un momento dado, el emisor y el receptor como elementos centrales del proceso comunicativo, porque invariablemente, ambos tienen algo que decir sobre sí mismos o en referencia al mundo. De esto inferimos que en la vida social y en la relación humana en general, la comunicación no sería otra cosa sino la puesta en común, de ponerse de acuerdo para coordinar la acción; ya que el hombre, es esencialmente acción.
En educación la comunicación, desempeña un papel de enorme trascendencia. Sobre todo si consideramos que hay distintas formas de concretar un hecho pedagógico. Uno de ellos es la transmisión de saberes ya hechos. En las nuevas concepciones de la educación este enfoque se considera superado. La tecnología ha modificado en buena medida los roles y los tipos de relación dentro del aula; o por lo menos eso es lo que se pretende. Se requiere que el alumno construya, y genere productos a través de los intercambios comunicativos que establece con los demás. Para que estos intercambios sean fructíferos, se necesita que el clima emocional y afectivo que exista en el salón de clases sea el adecuado, a fin de que desencadene respuestas e intercambios que tengan como resultado el éxito en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Si bien la parte metodológica dentro del proceso de los aprendizajes es importante, la relación afectiva entre todos los participantes desempeña un papel central porque motiva la participación y propicia respuestas que de por otras vías, sería muy difícil conseguir. Y me refiero específicamente al surgimiento del interés o a la aparición de motivos en las conductas de los estudiantes.
Los nuevos escenarios en las sociedades contemporáneas plantean además, otro tipo de exigencias. El surgimiento y desarrollo de los medios de comunicación electrónica en el siglo XX, ha contribuido de forma muy significativa a la configuración de nuevas estructuras sociales y a la consiguiente reconfiguración de las formas en que los agentes sociales construyen y reinventan su experiencia del mundo. En tal sentido, los medios de comunicación electrónica, desempeñan un papel innegable en los aprendizajes y en la reinterpretación de la realidad. Es necesario admitir, que toda la tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre; porque modifica y condiciona la forma en que interpreta el mundo y lo transforma. Se vuelve necesario pues, que los docentes reflexionemos sobre como se da el proceso de la comunicación en este contexto, a fin de articularla con múltiples formas de expresión para enriquecerla y diversificarla.
Dentro de este proceso de cambio, la retroalimentación es el componente que busca asegurar la eficacia del proceso comunicativo, de forma bidireccional; es decir, verificar las formas en que el destinatario recibe el mensaje y su apropiación. Los procesos de afianzamiento de los conocimientos construidos son tan importantes como su adquisición misma, puesto que si el proceso de refuerzo no se da mediante la retroalimentación, es fácil que se olviden y que pierdan el carácter significativo que alguna vez tuvieron.
Si en la comunicación educativa compartimos los códigos y utilizamos los mismos sistemas de signos, hay mayor semejanza entre nuestros dos significados para el mensaje. Se requiere que los profesores desentrañemos y comprendamos las formas distintas en que los saberes surgidos de la tecnología han impactado la comunicación y la construcción del conocimiento. La semejanza o identidad de los sistemas de signos empleados para comunicarnos da lugar a analogías o identidades entre los mensajes que se originan en dicho proceso.
En la educación tradicional, prevalece el modelo unidireccional denominado modelo bancario de comunicación. En este paradigma, lo único que cuenta es lo que el maestro dice porque es el poseedor de la verdad absoluta o institucionalmente validada; de modo que lo que el alumno piense o diga siempre será irrelevante. De ahí su unidireccionalidad. En cambio, el signo de la educación en los nuevos tiempos está marcado por la presencia de tecnologías -cada vez más sofisticadas- que impelen a la interactividad y a la transformación permanente de los procesos de construcción del conocimiento. La construcción del saber y de la cultura ha dejado de ser un proceso individual, para ser cada vez más, un producto colectivo; es decir, el resultado de la confluencia de experiencias y valoraciones sociales.
La mediación en el proceso de construcción del conocimiento es indispensable; pero no sólo en este campo sino en todo proceso humano que se precie de serlo. Es más, el hombre mismo es el resultado biológico, histórico y socio-cultural de distintos tipos de mediaciones y determinaciones. La educación de calidad desde esta perspectiva, será aquella en la que efectivamente el profesor disponga las condiciones o elementos para que los alumnos construyan sus propios saberes; atendiendo además a determinados propósitos y estándares.
El signo de la escuela en la actualidad, es la presencia de las tecnologías que signan en buena medida el camino a seguir, determinando no sólo las metodologías, los propósitos y los fines sino también los índices de eficacia y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Este debiera ser el sentido real del proceso de mediación pedagógica. La verticalidad en la enseñanza en los tiempos actuales -como ya dije- ha dejado de tener vigencia. Es necesario sin embargo, estar en guardia para no caer en el error de creer que la tecnología nos va a resolver todos los problemas que tenemos en la educación y en el proceso pedagógico en particular. Los medios tecnológicos son sólo un instrumento más. La tecnología condiciona y ayuda a crear caminos nuevos, formas distintas de creación de saberes y recreación de los ya existentes. Modificar las formas de mediación, equivale en este caso a admitir que habremos de sustituir los viejos esquemas por otros en los que esté considerada la utilización de las tecnologías. Se necesita pues, que el docente admita la posibilidad de modificar en el corto plazo su manera de mediar en el proceso de construcción del conocimiento; superando sus limitaciones e inercias, alimentadas desde posiciones teóricas que hoy por hoy, han perdido su vigencia.
Profr. José Patricio Moreno Cuevas.
En educación la comunicación, desempeña un papel de enorme trascendencia. Sobre todo si consideramos que hay distintas formas de concretar un hecho pedagógico. Uno de ellos es la transmisión de saberes ya hechos. En las nuevas concepciones de la educación este enfoque se considera superado. La tecnología ha modificado en buena medida los roles y los tipos de relación dentro del aula; o por lo menos eso es lo que se pretende. Se requiere que el alumno construya, y genere productos a través de los intercambios comunicativos que establece con los demás. Para que estos intercambios sean fructíferos, se necesita que el clima emocional y afectivo que exista en el salón de clases sea el adecuado, a fin de que desencadene respuestas e intercambios que tengan como resultado el éxito en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Si bien la parte metodológica dentro del proceso de los aprendizajes es importante, la relación afectiva entre todos los participantes desempeña un papel central porque motiva la participación y propicia respuestas que de por otras vías, sería muy difícil conseguir. Y me refiero específicamente al surgimiento del interés o a la aparición de motivos en las conductas de los estudiantes.
Los nuevos escenarios en las sociedades contemporáneas plantean además, otro tipo de exigencias. El surgimiento y desarrollo de los medios de comunicación electrónica en el siglo XX, ha contribuido de forma muy significativa a la configuración de nuevas estructuras sociales y a la consiguiente reconfiguración de las formas en que los agentes sociales construyen y reinventan su experiencia del mundo. En tal sentido, los medios de comunicación electrónica, desempeñan un papel innegable en los aprendizajes y en la reinterpretación de la realidad. Es necesario admitir, que toda la tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre; porque modifica y condiciona la forma en que interpreta el mundo y lo transforma. Se vuelve necesario pues, que los docentes reflexionemos sobre como se da el proceso de la comunicación en este contexto, a fin de articularla con múltiples formas de expresión para enriquecerla y diversificarla.
Dentro de este proceso de cambio, la retroalimentación es el componente que busca asegurar la eficacia del proceso comunicativo, de forma bidireccional; es decir, verificar las formas en que el destinatario recibe el mensaje y su apropiación. Los procesos de afianzamiento de los conocimientos construidos son tan importantes como su adquisición misma, puesto que si el proceso de refuerzo no se da mediante la retroalimentación, es fácil que se olviden y que pierdan el carácter significativo que alguna vez tuvieron.
Si en la comunicación educativa compartimos los códigos y utilizamos los mismos sistemas de signos, hay mayor semejanza entre nuestros dos significados para el mensaje. Se requiere que los profesores desentrañemos y comprendamos las formas distintas en que los saberes surgidos de la tecnología han impactado la comunicación y la construcción del conocimiento. La semejanza o identidad de los sistemas de signos empleados para comunicarnos da lugar a analogías o identidades entre los mensajes que se originan en dicho proceso.
En la educación tradicional, prevalece el modelo unidireccional denominado modelo bancario de comunicación. En este paradigma, lo único que cuenta es lo que el maestro dice porque es el poseedor de la verdad absoluta o institucionalmente validada; de modo que lo que el alumno piense o diga siempre será irrelevante. De ahí su unidireccionalidad. En cambio, el signo de la educación en los nuevos tiempos está marcado por la presencia de tecnologías -cada vez más sofisticadas- que impelen a la interactividad y a la transformación permanente de los procesos de construcción del conocimiento. La construcción del saber y de la cultura ha dejado de ser un proceso individual, para ser cada vez más, un producto colectivo; es decir, el resultado de la confluencia de experiencias y valoraciones sociales.
La mediación en el proceso de construcción del conocimiento es indispensable; pero no sólo en este campo sino en todo proceso humano que se precie de serlo. Es más, el hombre mismo es el resultado biológico, histórico y socio-cultural de distintos tipos de mediaciones y determinaciones. La educación de calidad desde esta perspectiva, será aquella en la que efectivamente el profesor disponga las condiciones o elementos para que los alumnos construyan sus propios saberes; atendiendo además a determinados propósitos y estándares.
El signo de la escuela en la actualidad, es la presencia de las tecnologías que signan en buena medida el camino a seguir, determinando no sólo las metodologías, los propósitos y los fines sino también los índices de eficacia y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Este debiera ser el sentido real del proceso de mediación pedagógica. La verticalidad en la enseñanza en los tiempos actuales -como ya dije- ha dejado de tener vigencia. Es necesario sin embargo, estar en guardia para no caer en el error de creer que la tecnología nos va a resolver todos los problemas que tenemos en la educación y en el proceso pedagógico en particular. Los medios tecnológicos son sólo un instrumento más. La tecnología condiciona y ayuda a crear caminos nuevos, formas distintas de creación de saberes y recreación de los ya existentes. Modificar las formas de mediación, equivale en este caso a admitir que habremos de sustituir los viejos esquemas por otros en los que esté considerada la utilización de las tecnologías. Se necesita pues, que el docente admita la posibilidad de modificar en el corto plazo su manera de mediar en el proceso de construcción del conocimiento; superando sus limitaciones e inercias, alimentadas desde posiciones teóricas que hoy por hoy, han perdido su vigencia.
Profr. José Patricio Moreno Cuevas.
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